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Mario H. Otero



A los diecinueve años, en 1949, Mario H. Otero (1929-2013) ingresó como estudiante de filosofía a nuestra facultad —en aquel entonces Facultad de Humanidades y Ciencias— y permaneció ligado a ella durante toda su vida. Ocho años después de su ingreso, obtuvo el título de Licenciado en Filosofía con la tesis titulada La crítica de la abstracción y la teoría del mundo en Berkeley, trabajo con el cual obtuvo el primer premio del concurso Obras Filosóficas, de la Universidad de la República (Udelar).

En la década del cincuenta, estudió filosofía y matemática estadística con investigadores de la Universidad de Búfalo, y lógica y filosofía de las ciencias con René Poirier, en la Universidad de París. En esos años ingresó como profesor de matemáticas y de filosofía en instituciones de enseñanza secundaria.

En 1960, defendió su tesis de doctorado El aporte de Boole y de De Morgan a la lógica formal, en la Universidad de París. Posteriormente, estudió lógica con Willard Van Orman Quine y realizó cursos y seminarios con Hilary Putnam, Burton Dreben y Morton White, como resultado de dos estancias en la Universidad de Harvard.

En marzo de 1961, el Consejo de la Facultad lo designó profesor interino de Epistemología y de Historia del Pensamiento Científico. Dos años más tarde, renunció al segundo cargo y logró su efectividad en el primero, el cual ejerció, con una interrupción forzosa durante la dictadura civil-militar, hasta 1996. Bajo su impulso, en 1964, se creó en el Instituto de Filosofía la Sección de Filosofía de la Ciencia, luego Departamento de Historia y Filosofía de la Ciencia (1970), de los que fue director hasta su retiro. De cualquier modo, en los años posteriores permaneció ligado al departamento bajo la figura de docente libre. Ese mismo año, 1964, creó Galileo, primera revista dedicada a problemas metacientíficos de la región, «un importante canal informativo, en épocas de hemerotecas y bibliotecas desactualizadas; cuando no existía la web».1 La revista, con una interrupción entre 1973 y 1989, se publicó hasta 2013, bajo su dirección.

En 1968, se acogió al régimen de dedicación total y, en 1972, asumió como decano de la facultad; fue el primer egresado de esa casa de estudios en desempeñar el cargo. El golpe de Estado de 1973 lo encontró en esa función y lo obligó a exiliarse en Argentina y en México. Fue investigador titular en Filosofía de la Ciencia en la Universidad Nacional Autónoma de México durante más de una década y director de la sección Historia de la Ciencia (1981-1985).

A fines de 1984, retornó a Uruguay y tras la restauración democrática volvió a asumir, al año siguiente, como docente y decano de la facultad. A partir de 1986, tuvo a su cargo, además, la dirección del Instituto de Filosofía (1986-1990).

En 1985, recibió una institución arrasada por la intervención militar, a la que tuvo que gestionar y recuperar durante su segundo decanato (1985-1990). Para ello, propició la repatriación de científicos nacionales que habían emigrado durante el período dictatorial. Con ellos, con el aporte de los pocos investigadores que habían permanecido en el país y con un conjunto de jóvenes entusiastas, logró recomponer los grupos de investigación. Durante su mandato

se reformaron Planes de Estudio, se reinstauraron Institutos, se departamentalizó la enseñanza y la investigación, se dinamizó la producción editorial, se recuperaron las colecciones bibliográficas y se actualizaron las hemerográficas, se incrementó el relacionamiento académico internacional, […] se dinamizó la presencia de la Facultad en el medio y se jerarquizó su incidencia en el seno de la Universidad.2

Otero tuvo, además, un papel destacado en el proceso de creación de la Facultad de Ciencias de la Udelar (1990). En contraposición al modelo de institutos centrales derivado del Plan Maggiolo, su propuesta era la creación de estructuras manejables que permitieran tanto en el campo científico como en el de las ciencias sociales trabajar más organizadamente. Sostenía que

la creación de una Facultad de Ciencias Exactas y Naturales para las Ciencias Básicas y el desarrollo de las Ciencias Humanas y Sociales de un modo distinto a la actual dispersión resultante en gran medida aleatoria contribuirán a disponer adecuadamente de las capacidades existentes y formar los investigadores necesarios en campos fundamentales para la producción nacional.3

Otero participó sistemáticamente de los órganos de cogobierno de la universidad, primero como representante de los estudiantes y, luego, de los docentes, en la Asamblea General del Claustro. Asimismo, integró el Consejo Directivo Central durante sus años de decano de la facultad.

En 1995, recibió el reconocimiento de profesor emérito de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. En 2009, el Consejo de la Facultad de Ciencias de la Udelar lo homenajeó nombrándolo doctor honoris causa.

Su rica y variada producción intelectual comprende investigaciones en distintas áreas. En sus trabajos de historia y filosofía de la ciencia en general, Otero expone su concepción de la filosofía de la ciencia que, ya a principios de la década del sesenta, entendía como intersectante con la historia, la sociología y otras disciplinas que también se ocupan de analizar la ciencia. Una concepción que Otero no defendió meramente en el plano teórico, sino que asumió como compromiso y acción en la creación del área correspondiente en la Udelar. Una concepción que concebía a la filosofía de la ciencia como herramienta estratégica, aunque no decisiva, para el cambio progresista de la realidad político-social.

Sus trabajos en historia y filosofía de las matemáticas y la lógica fueron reconocidos internacionalmente, e incluyen el análisis de momentos y aspectos importantes de la historia y la filosofía de las matemáticas y la lógica en los siglos XIX y XX, así como la presentación de textos significativos y poco conocidos de la historia de ambas disciplinas, en ocasiones, con sus antecedentes filosóficos.

Particularmente en historia de las matemáticas en el Uruguay sus investigaciones revelan el interés y la importancia que Otero daba al desarrollo de las matemáticas en Uruguay y a su análisis. Dio a conocer, a través de ellas las etapas fundamentales del desarrollo de esta disciplina y su institucionalización en el país, su relación con los modelos internacionales correspondientes, su inserción en los distintos niveles educativos nacionales, pero también puso de relieve a los matemáticos uruguayos gracias a los cuales ese desarrollo fue posible.

Por último, su producción en políticas e investigación científicas y educación en Uruguay muestra el compromiso de Otero con la realidad que en esos aspectos vivieron el país y la región. Un período especialmente prolífico a este respecto es entre las décadas del sesenta y ochenta, en el que Otero analiza desde las condiciones a las que se ven expuestas la investigación científica y la educación en esa etapa concreta, pasando por los requerimientos básicos y generales que deben ser tenidos en cuenta en el momento de diseñar políticas científico-tecnológicas en países como Uruguay, hasta la presentación de propuestas específicas para pensar posibles desarrollos o soluciones a estas problemáticas.

Fue autor y editor de más de una decena de libros, entre los que se destacan La crítica de la abstracción y la teoría del mundo en Berkeley(1961),El lenguaje científico(1963),El sistema educativo y la situación nacional (1969), La filosofía de la ciencia hoy; dos aproximaciones (1977), Materialismo y ciencias naturales(1984),Eduardo García de Zúñiga. Lecciones de historia de las matemáticas (1990), Joseph-Diez Gergonne (1771-1859): Histoire (logique) et Philosophie des Sciences (1997), Kuhn hoy (1997), Constructivismo y realismo(2000), Sobre ciertos avatares de las llamadas matemáticas puras (2003). Asimismo, publicó numerosos artículos en revistas nacionales, regionales e internacionales, especializadas en las diferentes áreas de investigación que supo cultivar.

A lo largo de su vida académica dedicó sus esfuerzos a forjar, desarrollar y profesionalizar la filosofía, y predicó con su propio ejemplo. En particular, en el área de historia y filosofía de la ciencia, lo que León Olivé ha dicho que Otero representó para México, «uno de los principales pilares con quienes construiríamos en mi país los programas y las instituciones que permitirían en definitiva la propagación y la profesionalización de la filosofía y la historia de la ciencia»,4 puede decirse también para nuestro país. Otero desarrolló y consolidó el campo disciplinario no solo en el ámbito de la Udelar, sino también en el ámbito nacional, y estrechó lazos con investigadores regionales e internacionales. Colaboró en la formación de muchas investigadoras e investigadores a los que estimuló y apuntaló con sus vastos conocimientos filosóficos y su capacidad crítica. Pero, sobre todo, fue un investigador comprometido, que creía que el papel de la reflexión histórico-filosófica debía traspasar los límites de la teoría y ser puesta en acción.

Hacer historia de la ciencia y la tecnología sirve para conocer mejor el país, para analizar su desarrollo con mayor amplitud. Sobre todo su desarrollo tecnológico y de este modo poder planificarlo. No es solamente una búsqueda de antecedentes históricos, sino un ver y analizar la problemática del desarrollo, un buscar una explicación de los cuellos de botella y de los momentos de expansión.5

Al conmemorarse el 80.º aniversario de la facultad, el Instituto de Filosofía decidió recordar la figura de Mario Otero como uno de sus investigadores y docentes referentes, que contribuyó no solamente al desarrollo y a la consolidación de dicha unidad académica, sino también de la propia facultad a lo largo de la mayor parte de estos ochenta años de vida institucional.


1 González, C. (2009). Otero, la apertura de un diálogo enriquecedor. Galileo. Edición homenaje al profesor Mario H. Otero, 37-39; cita en página 38.

2 Zubillaga, C. (2009). El decano Otero. Galileo. Edición homenaje al profesor Mario H. Otero, 41-43; cita en página 42.

3 Otero, M. (2002). Reestructura: lo posible ya (FHCE informa, octubre de 1987). Galileo.Segunda Época, 26, 57-58; cita en página 57.

4 Olivé, L. (2009). Saludo a Mario Otero.Galileo. Edición homenaje al profesor Mario H. Otero, 29-33; cita en página 30.

5 Otero, M. (1980, 14 de diciembre). Entrevista a Mario Otero [Entrevista]. Históricas. Boletín de Información del Instituto de Investigaciones Históricas, 33-36 ; cita en página 35.

Archivos de exilio: Nuestro José Bergamín



Lunes 6 de octubre, 11.00 horas.

En el marco de los festejos de los 80 años de la FHCE se exhibirá al público una muestra de los documentos conservados en el Archivo Central Universitario (FHCE) del escritor español José Bergamín (1895-1983), exiliado en Uruguay durante el franquismo y docente de nuestra casa de estudios. Para la ocasión se incorporan otros documentos de su vida montevideana, cedidos por familias y amigos de quienes lo conocieron y admiraron.

La muestra permanecerá instalada del 6 al 17 de octubre.

Organiza: Literatura Española (Letras)/ Centro de Estudios Interdisciplinarios Migratorios/ Archivo Central Universitario

Afiche

Instituto de Lingüística



Setenta y cinco años de lingüística en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación: una serie de eventos afortunados

Cuando en 2016 se estrenó La llegada en los cines locales, podía pensarse que esa sería una buena oportunidad para dar mayor visibilidad a las tareas que ocupan a las personas con intereses vinculados al lenguaje. Al fin y al cabo, pocos años antes, universidades de distintos países habían presenciado el «fenómeno CSI» (Crime Scene Investigation), esto es, el entusiasmo en las generaciones más jóvenes por actividades vinculadas a la ciencia forense. La llegada, inspirada en una novela corta del escritor de ficción Ted Chiang, tiene por protagonistas a la Dra. Banks (Amy Adams), presentada como lingüista o «experta en lenguas o lingüística» —dependiendo de la plataforma en la que se consulte—, y el Dr. Connelly (Jeremy Renner), físico.1 Ambos se enfrentan a la inesperada tarea de descifrar las sofisticadas formas de comunicación de alienígenas llegados a la Tierra y desentrañar sus intenciones. No es el caso abundar en la película, que por cierto no estimuló nuevos acercamientos de estudiantes de lingüística al circuito universitario, más allá de decir que las referencias cinematográficas a la disciplina en cuestión la vinculan al conocimiento de muchas lenguas y su (eventual) interés en poder decir alguna cosa respecto a su funcionamiento. No es una descripción totalmente desajustada, pero sí incompleta. Vale la pena tomarse unos minutos para ver la presentación disponible en el blog Saquen la lengua, a cargo de los estudiantes de la Licenciatura en Lingüística de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (FHCE), para enterarse de que los intereses de la lingüística van más allá de las lenguas particulares: se trata de interesarse por el lenguaje en sus aspectos descriptivos, históricos, performativos, psicológicos, socioculturales, ideológicos…2

Que los temas de interés de la lingüística no sean evidentes o por lo menos de sentido común no sucede exclusivamente en nuestro medio, y probablemente responda, en alguna medida, a los propios orígenes de tales estudios. En lo que resta de este texto nos ocuparemos de esos orígenes en general y del establecimiento de la disciplina en la FHCE en particular. Sobre esto último, merece la pena detenernos en una serie de eventos que, por fortuna, nos permiten asistir a la celebración de 75 años de presencia de estudios lingüísticos dentro de la facultad.

Los orígenes

Desde una perspectiva temporal amplia, aunque geográficamente acotada a las tradiciones culturales occidentales, los intereses por el lenguaje pueden rastrearse en los estudios grecolatinos de índole gramatical, literaria, retórica, agrupados, con variaciones a través de los siglos, bajo la denominación de filología. En el espacio europeo esa rica tradición iniciada hace más de dos mil años será reformulada en función de los contextos socioculturales que tan extenso período involucra. Con las salvedades propias de cada momento (a nuestros efectos, Antigüedad, Edad Media y Humanismo), el hilo conductor de los estudios filológicos es el interés por la preservación de textos entendidos modélicos entre los contemporáneos griegos y latinos, la revisión de sus variantes y la conservación de los soportes materiales en los que circulaban, obviamente de carácter manual hasta la aparición de la imprenta. Si bien siempre podrán encontrarse en esta historia miradas que dan cuenta de otros intereses, el momento que divide las aguas entre filología y lingüística es el siglo XIX. Es entonces cuando asistimos a una reorganización en las formas de clasificar los conocimientos en general y los académicos en particular. Ciertas metáforas imperantes hasta la época moderna, tales como los «árboles del conocimiento», de los que el Arbor scientiae de Ramón Llull es un buen ejemplo, ceden su lugar a otra terminología, en la que se reiteran sistema y currículo. Este último, en relación con el mundo académico universitario.3 Las postrimerías del siglo XVIII y el inicio del siglo XIX nos presentan un crecimiento inusitado de disciplinas especializadas y de sociedades, de congresos y de publicaciones en torno a esas disciplinas. En ese crecimiento habrá figuras individuales y grupos que desempeñarán algún papel, no necesariamente intencional.4 En el mundo de los estudios del lenguaje, este papel queda en manos de un enviado británico a Calcuta y unos jóvenes filólogos alemanes deseosos de hacer algo distinto a lo que la tradición filológica acostumbraba a solicitar a sus practicantes.5 El primero, sir William Jones (apodado Oriental Jones o Arabic Jones), arriba a Bengala en 1783 como juez de la Corte Suprema Bengalí. Ya era reconocido por su trabajo con la lengua persa (una gramática y traducciones), entre otras lenguas con las que está familiarizado. Pero ahora se inicia en el conocimiento del sánscrito, profundizándolo al punto de traducir obras del siglo V a. C. consideradas cumbre que circularán primero en la Sociedad Asiática de Bengala, fundada por el mismo Jones, y luego en Londres y en el continente europeo. En el nuevo campo filológico de la indología introduce, entre otras novedosas apreciaciones, una que cambiará para siempre el rumbo de los estudios por entonces denominados filológicos: el parecido del sánscrito con el latín y el griego no es una mera casualidad, la comparabilidad de sus rasgos gramaticales hace posible plantearse un origen común de esas lenguas. Por un lado, se abrían las puertas a la elaboración hipotética de esa lengua ancestral (el indoeuropeo) y, por otro, al emprendimiento de estudios de las lenguas, no solo latín y griego, desde nuevas bases metodológicas, comparativas primero, históricas más adelante.67 En la primera mitad del siglo XIX, una nueva «filología comparativa» gana seguidores y expande los intereses tradicionales —originalmente acotados al latín y al griego— a las lenguas en sentido amplio. El método comparativo se inspira en el concepto de familia de lenguas, y tendrá por defensores y representantes a estudiosos como Jacob y Wilhelm Grimm o Friedrich Schlegel, entre varios otros. El gran cambio instalado a partir de entonces consiste en aproximarse al funcionamiento de las lenguas de forma sistemática, «científica», y validar además el acercamiento a toda lengua. Al interés por las lenguas se suma por entonces la reflexión sobre la facultad del lenguaje inherente a ellas planteada por Wilhelm von Humboldt.

La segunda mitad del siglo XIX suma otras reflexiones y reajustes en las visiones sobre el lenguaje hechas por estudiosos como Max Müller, August Schleicher o William Whitney. Ese es el tema abordado en el primer capítulo de los materiales saussureanos organizados por sus discípulos, Charles Bally y Albert Sechehaye, en el Curso de lingüística general. Ferdinand de Saussure es hijo del siglo XIX: formado en esa nueva filología que busca ser otra cosa, hacia 1910 y en lo que serán sus últimos años de vida imparte cursos en su Ginebra natal sobre lingüística. Esta es presentada en el segundo capítulo introductorio del Curso, un breve texto que trata de la materia y tarea de la lingüística y de sus relaciones con ciencias conexas. Describir e historiar las lenguas, identificar y profundizar el conocimiento de la facultad general del lenguaje son las dos tareas acompañadas en ese momento por una tercera: deslindarse y definirse ella misma.8 A estas distintas tareas estarán abocadas figuras de distintos centros europeos y americanos (sobre todo el norte, del que no se podrá hacer referencia en esta ocasión) en la primera mitad del siglo XX. Y entonces llegará la lingüística a la Facultad de Humanidades y Ciencias (FHC), en 1950, iniciándose su estudio de forma ininterrumpida hasta hoy.

Uruguay. Pasado, presente, futuro

La consolidación de las estructuras académicas en el inicio de la FHC ubica en 1950 la creación del Instituto de Filología, integrado por cuatro departamentos: Lingüística, Literatura Española, Literatura Iberoamericana y Folklore.9 Se designa a Eugenio Coseriu, rumano formado en Moldavia e Italia, como director del Departamento de Lingüística. Estará a cargo del curso de Lingüística General e Indoeuropea y será promotor del Círculo de Lingüística de Montevideo. Sus trabajos, de impronta estructuralista y aguda revisión de los principios saussureanos, se desarrollan hasta el regreso en 1963 a Europa. Los aportes de Coseriu, además, incorporan una mirada romanista, es decir, vinculada a la historia de las lenguas genéticamente próximas al latín. A su partida lo sustituye en la dirección del departamento José Pedro Rona, de origen eslovaco, formado en los estudios lingüísticos en esa facultad de Montevideo. El pormenorizado prólogo de Adolfo Elizaincín a Dialectología general e hispanoamericana nos presenta el variado espectro de intereses que ocupan a Rona y se transmiten en el departamento de la FHC.10 En esta lista se incluyen: los estudios fronterizos (esto es, de las variedades lingüísticas habladas en la frontera entre Uruguay y Brasil), los dialectológicos (sobre las variedades de español hablado en América), los de una sociología del lenguaje avant la lettre, cuestiones gramaticales en el español del Uruguay y algunas incursiones en temas vinculados a la enseñanza de la lengua materna. Tras la partida de Rona a Canadá hacia fines de los años sesenta, el interés por esas temáticas no desaparecería. Luego de las vicisitudes propias de los años de intervención a partir de 1973, el período de normalización democrática en la Universidad de la República iniciado en 1985 significó un encaminamiento del Departamento de Lingüística a constituirse en Instituto de Lingüística. Esto se concretaría en el marco de la creación de la FHCE, en funcionamiento desde fines de 1990. Coordinado por Elizaincín, el instituto iniciaba su recorrido en 1991, integrado por tres departamentos (Psico y Sociolingüística, Teoría del Lenguaje y Lingüística General, Romanística y Español) y una sección (Lenguas Extranjeras Modernas). En esos años, los temas de interés apuntados para la fase previa a la intervención se profundizan, reformulan, amplían, incorporando nuevas orientaciones teóricas y diversas metodologías de investigación lingüística. Durante los años ochenta y noventa se desarrollan proyectos de investigación que involucran a equipos de docentes y estudiantes; en otros casos se trata de proyectos emprendidos individualmente en los estudios de posgrado en Argentina, Brasil, Estados Unidos, Europa, por docentes adscritos al instituto. Se avanza en los estudios de los denominados dialectos portugueses del Uruguay y se implementa la elaboración de un atlas lingüístico diatópico y diastrático del Uruguay. Se trabaja en el conocimiento de distintas comunidades migrantes del Uruguay (italianos, armenios, sefaradíes, entre otras) en lo concerniente a los usos, el mantenimiento y la pérdida de su lengua de origen, se profundiza en el análisis de distintas cuestiones lingüístico-gramaticales en el español del Uruguay, tanto en su presentación sincrónica como histórica. La enseñanza de lenguas es foco de atención y se inician estudios vinculados a distintas vertientes del por entonces novedoso análisis del discurso.

Durante los últimos veinticinco años el instituto transita un afianzamiento académico que incluye la incorporación de investigaciones lexicográficas, de la historia de las lenguas en Uruguay, del análisis del discurso en sus distintas formulaciones actuales (análisis crítico, dialogismo), de la glotopolítica y las representaciones lingüísticas, de la revitalización de la mirada sobre el lenguaje desde una perspectiva lingüístico-filosófica y de estudios descriptivo-analíticos del español que incorporan nuevas herramientas metodológicas para el análisis teniendo en cuenta las posibilidades de procesamiento abiertas por la lingüística del corpus. En lo que concierne a las miradas vinculadas a la enseñanza de lenguas, se renueva el acercamiento a los procesos de enseñanza y aprendizaje, en particular de la lectura y la escritura, desde distintas aproximaciones teóricas.

A partir de la reciente revisión de las unidades académicas que conforman la FHCE concluida en 2023, el Instituto de Lingüística está conformado por tres subunidades: el Departamento de Estudios Sociales del Lenguaje, el Departamento de Romanística y Español y el Departamento de Teoría del Lenguaje y Lingüística General. Por una parte, resulta estimulante pensar en las posibilidades ofrecidas por las tecnologías actuales que permiten el registro y análisis de la voz humana o de los textos conservados en formatos digitales. Por otra, el mundo contemporáneo abre nuevos desafíos: las relaciones de los usos lingüísticos naturales con los modelos generativos de inteligencia artificial, las minorías sociales y lingüísticas y sus formas de participar en un mundo que recurre y valida repetidamente usos sociales y lingüísticos hegemónicos de violencia y rechazo a la persona diferente o que construye mundos discursivos fake esperan por el trabajo de análisis de la lingüística, que sigue teniendo mucho por decir.


1 Chiang, T. (2002). Stories of your life and others. Vintage Books.
2 Estudiantes de Lingüística de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. (s.f.). Nosotros. Saquen la lengua. https://saquenlalengua.wordpress.com/nosotros/
3 Burke, P. (2002). Historia social del conocimiento. De Gutenberg a Diderot. Paidós.
4 Burke, P. (2012). Uma história social do conhecimento II. Da Enciclopédia à Wikipédia. Zahar.
5 Turner, J. (2014). Philology: the forgotten origins of the modern humanities. Princeton University Press.
6 Turner, op. cit.
7 Herrero, V. J. (1988). Introducción al estudio de la filología latina. Gredos.
8 De Saussure, F. (1983). Curso de lingüística general. Alianza Universidad.
9 París de Oddone, B. (Coord.). (1995). Historia y memoria. Medio siglo de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Universidad de la República.
10 Rona, J. P. (2014). Dialectología general e hispanoamericana. Biblioteca Artigas.

Día del Patrimonio 2025



Este año, la propuesta del Ministerio de Educación y Cultura para el Día del Patrimonio, titulada «Bicentenario en todos los pagos», celebra los 200 años del proceso histórico que dio origen a la independencia y a la creación del Estado Oriental del Uruguay, entre 1825 y 1830.

La Udelar acompaña esta celebración con una propuesta que integra a distintos servicios universitarios en una agenda común de actividades culturales, abiertas al público y gratuitas. Se incluyen visitas guiadas, charlas, exposiciones y presentaciones artísticas.

Udelar en cada región del país
En 2025 la Udelar presenta su propuesta al país de cara al próximo presupuesto quinquenal, con una reforzada apuesta al desarrollo en cada región del país. Con el proceso de descentralización de la Udelar, cada vez más estudiantes acceden a educación universitaria en su propia región. En las ciudades donde la Universidad se ha instalado, se han producido transformaciones que favorecen el crecimiento y desarrollo local al brindar formación y oportunidades que antes no existían en la zona; así como un aumento en los egresos de enseñanza media.

La descentralización es una de las prioridades del plan estratégico, que propone consolidar y ampliar la presencia universitaria en todo el país, con nuevas carreras, fortalecimiento de equipos docentes radicados en sedes regionales, mejoras en infraestructura y descentralización de servicios de bienestar universitario. El desarrollo de la Udelar en el país permite reducir las inequidades geográficas, promover una mayor inclusión social y democratizar el acceso a la educación terciaria en todo el país.

Accedé al Programa de actividades aquí.

Fuente: Portal Udelar

Instituto de Educación



La educación ha sido objeto de reflexión y problematización en Occidente desde la Antigüedad; y se destaca, en particular, la paideia de la Grecia clásica. Desde entonces, y hasta la actualidad, ha sido abordada en términos teológicos, filosóficos y científicos.

En la modernidad, en el marco de los procesos de colonización, Europa se consolidó como el principal modelo e inspiración para el pensamiento pedagógico, e influyó decisivamente en la configuración de los sistemas educativos nacionales. En menor medida, Estados Unidos también cumplió un papel relevante.

El desarrollo de los Estados modernos, en los planos económico, social, cultural y político, se sustentó en gran medida en la conformación de sistemas educativos nacionales. Más aún, estos no constituyen solo un apoyo, sino un elemento constitutivo del Estado nación, una de sus características esenciales. La escolarización representó una forma específica de materialización del proyecto de un Estado educador. En épocas anteriores, las prácticas educativas se estructuraban a partir de instituciones y espacios definidos: la familia (con variaciones según el rol de la madre o el padre, en función de las tradiciones culturales), los preceptores, el taller, el mercado, el trabajo rural y otros ámbitos destinados a preparar a los jóvenes para la vida adulta en su grupo social de pertenencia.

En el caso de Uruguay, es posible identificar dos tradiciones fundamentales en materia educativa: la normalista y la universitaria. Esta distinción no implica una oposición radical, sino el reconocimiento de rasgos específicos que permiten diferenciarlas.

La tradición normalista, articulada en torno a las escuelas normales, comenzó a desarrollarse hacia fines del siglo XVII en Europa y adquirió un papel central en los proyectos civilizatorios occidentales. En Uruguay, sus antecedentes se remontan a la fundación de la Sociedad Lancasteriana en 1821, durante el período prerrepublicano, y a la apertura de la primera escuela normal en octubre de 1829. La figura de José Pedro Varela resulta insoslayable, pues colocó la formación docente en el centro de sus reflexiones. También destaca Francisco Berra, quien enseñó pedagogía en las clases normales antes de la creación del Internato Normal de Señoritas en 1882. Así, la tradición normalista quedó firmemente inscrita en la historia educativa del país.

Por su parte, desde las primeras décadas del siglo XIX y bajo el influjo del modelo napoleónico, comenzó a gestarse la actual Universidad de la República. Entre 1849 y 1877, esta institución integró todos los niveles de enseñanza, desde el Gimnasio Nacional hasta la formación científica y profesional, y constituyó el germen de una universidad orientada tanto a la profesionalización como a la investigación científica y humanística. En paralelo con las escuelas normales, desempeñó un rol fundamental en la historia nacional y en la consolidación de un campo de reflexión pedagógica.

Esta bifurcación entre normalismo y universidad ha marcado la trayectoria histórica de la educación uruguaya y continúa vigente, como lo evidencian la Ley General de Educación (ley n.º 18.437) y los debates actuales en torno al proyecto de una universidad nacional de educación presentado por el Ministerio de Educación y Cultura en julio de 2025, cuyo propósito es fortalecer la educación pública y jerarquizar la profesión docente.

En cuanto a la formación en educación dentro de la Universidad de la República, es relevante señalar la creación, en 1978, de la Licenciatura en Ciencias de la Educación en la entonces Facultad de Humanidades y Ciencias. Esta iniciativa se apoyó en antecedentes pedagógicos significativos, entre los que destaca la obra de Carlos Vaz Ferreira, quien, con su extensa producción en torno a la enseñanza y la pedagogía, sentó las bases para constituir un campo de investigación autónomo dentro de las humanidades. Esta orientación buscó diferenciarse de la formación técnico-profesional destinada a la docencia en los niveles primario y secundario; no obstante, en sus fundamentos, objetivos, propósito, organización y contenidos, predomina un sesgo técnico, elemento que será revisado críticamente a partir de 1985.

Desde su creación, la Licenciatura en Ciencias de la Educación ha fomentado un campo de estudios plural y crítico, nutrido por diversas trayectorias docentes e investigativas, así como por el diálogo interdisciplinario con disciplinas como la historia, la filosofía, la lingüística, la literatura y la antropología. También ha mantenido una estrecha relación con la formación docente de magisterio y profesorado, y ha configurado un ámbito de investigación epistemológicamente diverso y con una agenda temática amplia.

En este contexto, el Instituto de Educación enfrenta múltiples desafíos, entre ellos, el de sostener una reflexión crítica sobre los procesos económicos, sociales, culturales y políticos desde una perspectiva pedagógica. Desde finales del siglo XIX, la reflexión educativa ha aspirado a contribuir a la construcción de una sociedad plural, democrática y republicana, basada en el derecho a la educación y en los mecanismos necesarios para garantizarlo.

Hoy, a este desafío histórico se suma un escenario radicalmente distinto, marcado por el uso masivo de internet y el avance de tecnologías como la inteligencia artificial, que plantean nuevas incertidumbres para el ámbito educativo. Además, enfrentamos cambios en la estructura social y en los procesos de subjetivación; son ineludibles las lecturas que se han desplegado desde los feminismos, la decolonialidad, el antirracismo. Ante este panorama, resulta indispensable generar conocimiento pedagógico crítico. Para ello, el Instituto de Educación cuenta con una tradición sólida y con el respaldo de las humanidades, que permiten afrontar este complejo desafío de manera colectiva y reflexiva.

Seminario La investigación sobre cine silente en América Latina



El seminario estará a cargo de Andrea Cuarterolo y Georgina Torello, y se realizará el viernes 14 de noviembre a las 15.00 horas en el salón Luce Fabbri de la FHCE.

El seminario forma parte de la actividad ¡De vuelta en la cartelera! Cine silente latinoamericano ayer y hoy que se desarrollará del 12 al 14 de noviembre. Se puede acceder a la programación completa en el siguiente enlace https://gesta.ei.udelar.edu.uy/de-vuelta-en-la-cartelera-cine-silente-latinoamericano-ayer-y-hoy/

II Congreso Académico Interdisciplinario sobre Carnaval Uruguayo



Del 6 al 10 de octubre de 2025 en la Facultad de Información y Comunicación (San Salvador 1944).

Las actividades incluyen conferencias magistrales, mesas de ponencias, proyecciones audiovisuales, presentaciones de libros, encuentros y debates que abordan las múltiples dimensiones del carnaval uruguayo.

El CAICU es abierto y gratuito. Las únicas actividades del CAICU que tienen cupo en la participación son los talleres, por las dinámicas de trabajo propuestas. Todos los talleres se desarrollarán el sábado 11 de octubre en la Facultad de Información y Comunicación, entre las 10.00 y las 16.00 HORAS. La inscripción a cada taller se realiza mediante un formulario específico, disponible en caicu.uy/inscripcion/

El evento fue declarado de interés por el Consejo de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (FHCE), e incluye entre sus participantes a varios docentes y estudiantes de esta Facultad.

Programa

Recordar para resistir




Atención: cambio de lugar de la actividad. Será en el salón 1 de la sede central de la Facultad de Derecho.

Sábado 4 de octubre, 15.30 horas en el salón 1 de la sede central de la Facultad de Derecho (18 de Julio 1824).

¿Cuáles son las historias de lucha de las trabajadoras sexuales en Uruguay? ¿Qué formas de organización construyeron para resistir la violencia, el estigma y la precarización? ¿Cuáles han sido sus principales conquistas y qué queda por hacer? Les invitamos a un espacio de encuentro, memoria y reflexión colectiva en torno a los caminos recorridos por las trabajadoras sexuales organizadas en las últimas cuatro décadas.

Esta actividad forma parte del proyecto “Restituir la historia a las mujeres: experiencias de organización de trabajadoras sexuales y trabajadoras domésticas durante la segunda mitad del siglo XX a las primeras dos décadas del siglo XXI”, financiado por la Comisión Sectorial de Investigación Científica (CSIC), Programa VUSP II.

Tiene como propósito ofrecer un espacio de encuentro, memoria y reflexión colectiva en torno a los caminos recorridos por las trabajadoras sexuales organizadas en las últimas cuatro décadas.

Actividad abierta con entrada libre. Se compartirá una merienda con café para amenizar el encuentro.

Organiza: Grupo de Estudios sobre Trabajo, Izquierdas y Género (GETIG).

Afiche

Cronograma Jornadas Académicas 2025



Ya está disponible la grilla/cronograma, el orden de las ponencias y la publicación de los 

resúmenes para las Jornadas Académicas 2025 de la Facultad de Humanidades y Ciencias 

de la Educación.

Anunciamos además que pronto se publicará el programa definitivo, documento que 

compila esta información. 

Conocé toda la información detalla en la web de las jornadas 

https://fhce.edu.uy/jornadas-academicas-fhce-2025/

Jornadas interdisciplinarias sobre la Costa Este



Las «I Jornadas Interdisciplinarias La costa este como espacio de encuentro y movimientos», se desarrollarán los días 26, 27 de setiembre y 1 de octubre en Punta del Este, La Paloma y La Charqueada, respectivamente.

El evento tiene como objetivo pensar en comunidad sus transformaciones y desafíos junto a invitados nacionales y extranjeros con experiencia en el estudio de poblaciones costeras.

Esta propuesta de diálogo abierta a todo público es organizada por el Departamento de Ciencias Sociales y Humanas (DCSH) del Centro Universitario Regional del Este (CURE), Universidad de la República (Udelar,) a través de docentes e investigadoras/es en área como turismo, educación física, sociología, antropología y otras vinculadas a la Universidad de la República en el Este. El evento se compone de tres encuentros presenciales, realizados de forma secuencial para pensar las ciudades de Punta del Este, La Paloma y La Charqueada.

Las actividades son de carácter libre y gratuito, sin necesidad de inscripción previa, y tendrán lugar en sedes universitarias y otros espacios locales abiertos a la comunidad a fin de favorecer una amplia participación para compartir experiencias de investigación, acercar inquietudes, dar a conocer vivencias entre expositores y público presente. Asimismo, el evento se articulará con las preocupaciones de pobladores locales, organizaciones civiles así como gestores públicos a nivel municipal, departamental y nacional en aporte a construir en diálogo posibilidades para vivir mejor en nuestra región.

Este evento ha sido declarado de interés por el Ministerio de Turismo del Uruguay, y cuenta con el apoyo del Municipio de Punta del Este, Municipio de La Paloma y Municipio Enrique Martínez (La Charqueada). A su vez, han colaborado la Intendencia de Maldonado, Intendencia de Rocha e Intendencia de Treinta y Tres, especialmente a través de sus Direcciones de Turismo. El evento se lleva a cabo desde el Centro Universitario Regional del Este gracias al financiamiento de la Comisión Coordinadora del Interior de la Universidad de la República. Se cuenta, a su vez, con la colaboración de Punta del Este Ciudad Universitaria.

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