Las «I Jornadas Interdisciplinarias La costa este como espacio de encuentro y movimientos», se desarrollarán los días 26, 27 de setiembre y 1 de octubre en Punta del Este, La Paloma y La Charqueada, respectivamente.
El evento tiene como objetivo pensar en comunidad sus transformaciones y desafíos junto a invitados nacionales y extranjeros con experiencia en el estudio de poblaciones costeras.
Esta propuesta de diálogo abierta a todo público es organizada por el Departamento de Ciencias Sociales y Humanas (DCSH) del Centro Universitario Regional del Este (CURE), Universidad de la República (Udelar,) a través de docentes e investigadoras/es en área como turismo, educación física, sociología, antropología y otras vinculadas a la Universidad de la República en el Este. El evento se compone de tres encuentros presenciales, realizados de forma secuencial para pensar las ciudades de Punta del Este, La Paloma y La Charqueada.
Las actividades son de carácter libre y gratuito, sin necesidad de inscripción previa, y tendrán lugar en sedes universitarias y otros espacios locales abiertos a la comunidad a fin de favorecer una amplia participación para compartir experiencias de investigación, acercar inquietudes, dar a conocer vivencias entre expositores y público presente. Asimismo, el evento se articulará con las preocupaciones de pobladores locales, organizaciones civiles así como gestores públicos a nivel municipal, departamental y nacional en aporte a construir en diálogo posibilidades para vivir mejor en nuestra región.
Este evento ha sido declarado de interés por el Ministerio de Turismo del Uruguay, y cuenta con el apoyo del Municipio de Punta del Este, Municipio de La Paloma y Municipio Enrique Martínez (La Charqueada). A su vez, han colaborado la Intendencia de Maldonado, Intendencia de Rocha e Intendencia de Treinta y Tres, especialmente a través de sus Direcciones de Turismo. El evento se lleva a cabo desde el Centro Universitario Regional del Este gracias al financiamiento de la Comisión Coordinadora del Interior de la Universidad de la República. Se cuenta, a su vez, con la colaboración de Punta del Este Ciudad Universitaria.
Fotografía: Caja 140, carpeta 140-C, Archivo Juan Oddone, Archivo General de la Universidad. Juan Oddone, junto a profesores y compañeros de estudio, recibiendo el título de Licenciado en Historia (12 de marzo de 1957). A su izquierda Blanca Paris.
La creación del Instituto de Investigaciones Históricas de la Facultad de Humanidades y Ciencias, en 1947, fue uno de los hitos fundamentales en el proceso de profesionalización que contribuyó a superar los paradigmas de la historiografía tradicional uruguaya. Esta última, vista como una práctica amateur y nacionalista, fue desafiada por un nuevo enfoque que procuraba el rigor metodológico y un compromiso crítico con el presente.
El primer director, el argentino Emilio Ravignani, fue una figura clave. Impulsó una política de internacionalización proactiva, que estableció una extensa red de contactos con más de mil instituciones y personas en todo el mundo. Su estrategia incluyó la creación de delegaciones permanentes del instituto en ciudades como Buenos Aires, Sevilla y Londres, que actuaron como cabeceras de puente para la academia uruguaya. Estas delegaciones fueron fundamentales para la búsqueda de fuentes documentales en el extranjero que enriquecieran el acervo del instituto y conectaran la historiografía local con el panorama global.
La muerte de Ravignani, en 1954, determinó que uno de sus principales colaboradores, Edmundo Narancio, asumiera como director interino. La gestión de Narancio fue compleja y conflictiva. En 1961, se produjo un cambio importante, en un proceso que no estuvo libre de conflictos, con la asunción del prestigioso doctor Eugenio Petit Muñoz como nuevo director.
La llegada del historiador argentino José Luis Romero en 1949, tras ser desplazado por el peronismo, complementó el rigor metodológico de Ravignani con una nueva perspectiva teórica. Romero propuso un paradigma que trascendía el relato de los hechos para enfocarse en los procesos pluriseculares y las representaciones sociales, lo cual requería un enfoque interdisciplinario. El Seminario de Historia de la Cultura, fundado en 1952, se convirtió en el principal taller y laboratorio de esta nueva forma de hacer historia, donde se formó una generación clave de historiadores uruguayos. El peso académico alcanzado por el seminario determinó que, posteriormente, se creara la Sección Historia de la Cultura, que estaría adscripta al Instituto de Investigaciones Históricas y sería dirigida de manera honoraria por Romero.
En este período, Juan Oddone y Blanca París se consolidaron como referentes del instituto. Fueron los primeros egresados de la Licenciatura en Historia. Su obra Historia de la Universidad de la República. La universidad vieja, 1849-18851 reflejó su compromiso con el presente al analizar el pasado de la institución en el contexto de las crisis de su tiempo.
Oddone sintetizó los principios de la nueva historia en un artículo de 1964, «Ensayística y espíritu científico»,2 considerado el manifiesto rupturista que abogaba por la cientificidad, la interdisciplinariedad y el trabajo en equipo. El Seminario de Historia de la Cultura, bajo su orientación, produjo obras emblemáticas como Cinco perspectivas históricas del Uruguay moderno,3 que sirvieron como bautismo profesional para jóvenes investigadores y demostraron la solidez de los nuevos enfoques.
Para fines de la década del sesenta, el instituto se había consolidado en el contexto del campo historiográfico uruguayo. En setiembre de 1970, como resultado tanto de cambios en el organigrama institucional de la facultad como de las nuevas orientaciones epistemológicas de la disciplina, la unidad académica pasó a denominarse Instituto de Ciencias Históricas. La transformación implicó, además, la creación de cuatro departamentos en el marco de los cuales se nucleaban los docentes de asignaturas afines: Historia del Uruguay, Historia Americana, Historia Universal e Historiología. Los directores designados fueron Eugenio Petit Muñoz (quien ocupaba también la dirección del instituto), Oddone, Armando Pirotto y Jesús Bentancourt Díaz, respectivamente.
El proceso de consolidación del instituto se vio abruptamente interrumpido por la intervención militar de la universidad. La naturaleza crítica y comprometida de la disciplina la convirtió en blanco del régimen. Los principales representantes, como Oddone, París y Lucía Sala, fueron expulsados de sus cargos y muchos se vieron obligados a exiliarse. La dictadura impuso un estricto control, que priorizaba una historia fáctica y oficialista.
A pesar de la opresión, la tradición investigativa se mantuvo viva en centros privados, como el CLAEH (Centro Latinoamericano de Economía Humana). Este espacio funcionó como una Facultad de Humanidades en la resistencia, donde gracias a la gestión de Carlos Zubillaga se siguieron impartiendo seminarios y se formaron nuevas generaciones de historiadores.
Con el retorno de la democracia en 1985, los académicos desplazados por la intervención fueron restituidos y se efectuaron llamados para la provisión interina de los cargos docentes. Como recurso para amortiguar el descenso académico que implicó el plan instrumentado por la dictadura, se restableció en la Licenciatura en Historia el plan 1960 mientras se estudiaba la creación de uno nuevo, acorde a la nueva realidad de los estudios históricos internacionales.
Oddone fue uno de los protagonistas de este proceso. Desde la dirección del Departamento de Historia Americana, se dedicó a reactivar las redes internacionales que había forjado antes de 1973. Mediante el envío de notas a diversos centros académicos, logró restablecer la comunicación y el intercambio de publicaciones, al recibir una respuesta rápida y efectiva. Esta política de reinserción internacional se vio reforzada por las visitas de prestigiosos historiadores, como Tulio Halperín.
El período que se inició entonces no estuvo exento de conflictos. Figuras clave que fueron incorporadas, como José Pedro Barrán, a pesar de su prestigio, fueron vistas inicialmente ―al decir de Gerardo Caetano― como extrañas4 por algunos sectores más tradicionales de la facultad. Esta tensión se agudizó con debates sobre el rumbo de la disciplina, como la polémica acerca de si la carrera de Historia debía quedarse en Humanidades o integrarse en la nueva Facultad de Ciencias Sociales. Las dificultades también se manifestaron en situaciones complejas que propiciaron el distanciamiento de docentes como Caetano y José Pedro Rilla. Se trató de circunstancias que reflejaban profundas divergencias de carácter académico y profesional.
En el plano epistemológico, esta etapa no representó un quiebre, sino una profundización del paradigma crítico y disruptivo de la nueva historia. La década del noventa fue ―como lo plantea Marisa Silva Schultze5― un momento crucial para los historiadores uruguayos. En medio de la reorganización de la universidad, se impulsó una mayor profesionalización del oficio. A pesar de los desafíos, como la escasez de posgrados, el cuerpo de historiadores de la facultad fortaleció sus vínculos con colegas de otras naciones, lo que enriqueció sus investigaciones.
Por otro lado, la labor de figuras destacadas como Barrán fue esencial para esta renovación. Su influyente libro Historia de la sensibilidad en el Uruguay6 se convirtió en un punto de referencia, al proponer nuevos temas de estudio como lo privado y lo cultural, y al desplazar el foco del poder político-estatal hacia una variedad de actores sociales. Este enfoque no solo modernizó la metodología, sino que también creó un nuevo marco de trabajo para la investigación histórica.
Una de las innovaciones más importantes de la década del noventa fue la implementación de la formación de posgrado. Se organizaron maestrías en Ciencias Humanas, coordinadas por la Comisión Directiva del Instituto de Ciencias Históricas. Las opciones ofrecidas, como Estudios Latinoamericanos y Estudios Migratorios, han variado desde entonces. Actualmente, la maestría se enfoca en la opción Historia Rioplatense.
Esta oferta académica se expandió notablemente con el lanzamiento del doctorado en 2013, que presentó un diseño curricular novedoso y dinámico, centrado en la investigación. Su estructura incluye un Seminario de Tesis durante el primer año y un Seminario Permanente de Investigación en los años siguientes.
Estos programas constituyeron una experiencia fundamental en la formación de las nuevas generaciones de historiadores. Contribuyeron a reducir una brecha en la formación local en comparación con el panorama internacional y alinearon la disciplina con los desafíos y requerimientos globales. Además, permitieron el valioso aporte de reconocidos especialistas de otros países, quienes brindaron a los estudiantes uruguayos la oportunidad de conocer directamente las nuevas tendencias epistemológicas, temáticas y heurísticas de la disciplina en el ámbito internacional. Este desarrollo marcó un nuevo capítulo en el proceso de internacionalización de la historiografía uruguaya, que ya no dependía, como en sus inicios, exclusivamente de los vínculos personales y la buena voluntad de algunos investigadores.
La perspectiva del Instituto de Historia en el contexto de la historiografía nacional es sumamente prometedora. Se observan los frutos de la implementación del plan de estudios 2014, que lleva más de una década en vigor y sustituyó al de 1992. Este nuevo plan se caracteriza por su enfoque moderno y su visión de una formación integral para el historiador. Promueve no solo el conocimiento teórico y las habilidades de investigación, sino también una nueva concepción del rol del historiador en la sociedad.
La posibilidad de cursar asignaturas en otras facultades y de participar en distintas experiencias formativas con otros servicios universitarios fomenta una formación holística. Se integran la investigación, la docencia y la extensión, y se fortalece el compromiso del historiador con la comunidad.
Por otra parte, la consolidación de los programas de posgrado a nivel de maestría y doctorado contribuye a una especialización que está a la altura de las exigencias internacionales y las nuevas líneas de investigación. La formalización de programas de investigación y el acceso a más oportunidades de financiación nacional e internacional, sin duda, posicionan al instituto en una senda muy positiva.
La reconfiguración del organigrama académico, con la creación de unidades académicas en 2022, busca dinamizar la formación para responder a los requerimientos del nuevo tiempo. Los antiguos departamentos se han transformado en subunidades ―como las de Historia Mundial, Historia del Uruguay, Historia Americana y Teoría e Historiografía―, lo cual, si bien mantiene la organización por áreas de conocimiento, estimula la realización de programas compartidos y el agrupamiento de docentes en una o más unidades.
Esta nueva estructura favorece el cumplimiento de las funciones universitarias en su integralidad y se espera que contribuya a que el conocimiento histórico y sus profesionales estén al servicio de la sociedad, que es, en última instancia, la que con su apoyo y esfuerzo hace posible esta formación.
Las líneas de investigación que actualmente desarrollan los integrantes de las distintas subunidades ofrecen una valiosa perspectiva sobre la orientación de la historiografía en Uruguay. Al abordar la historia conceptual y la difusión de ideas políticas a través de la prensa y discursos transimperiales, se abre un camino para entender la formación de las identidades nacionales de manera más profunda y superar los enfoques tradicionales. La investigación sobre izquierdas, culturas trabajadoras y su relación con el cine complejiza la narrativa histórica al incluir a actores sociales que tradicionalmente han sido poco representados. De manera similar, los estudios sobre la dictadura y la memoria reciente desde una perspectiva local y regional son cruciales para el desarrollo de una historia más inclusiva. Por último, al enfocarse en temas como migraciones, pobreza, religiones y género, y al debatir sobre la preservación digital de archivos y la metodología en la era digital, el instituto se posiciona en la vanguardia de la disciplina y demuestra un compromiso con la renovación teórica y la relevancia social del oficio del historiador en el siglo XXI.
1 Oddone, J. A. y París, B. (1963). Historia de la Universidad de Montevideo. La universidad vieja, 1849-1885. Universidad de la República. 2 Oddone, J. A. (1964). Ensayística y espíritu científico. Número, 2.da época, (3), 152-158. 3 Mourat, O., Mariani, A. A., Jacob, R. Pellegrino, A., Di Segni, R. y Rodríguez Villamil (1969), Cinco perspectivas históricas del Uruguay Moderno. Fundación de Cultura Universitaria. 4 Correa Morales, J. y Rey, M, (2024). «Siempre he sido un historiador antes que nada». Entrevista a Gerardo Caetano. Contemporánea, 18(1), 182-208, cita en página 187. 5 Silva Schultze, M., (2016). Panorama historiográfico de los noventa. Cuadernos del Claeh, 35(104), 165-185. 6 Barrán, J. P. (1989), Historia de la sensibilidad en el Uruguay. T. I. La Cultura Bárbara (1800-1860) y.T. II. El Disciplinamiento (1860-1920). Ediciones Banda Oriental.
Este minucurso lo dictará el profesor Ezequiel Ludueña (UBA / UNLAM, Argentina), el 3 y 4 de octubre, de 14.00 a 18.00 horas, en el salón Ibáñez de FHCE.
Se abordará la noción de Principio y la relación causal en el neoplatonismo tardoantiguo y medieval. Perspectivas de Plotino y de Proclo en discusión, y la recepción en Eriúgena a través del falso Dionisio.
Organizan e invitan: Área de Historia de la Filosofía Antigua, Área de Historia de la Filosofía Medieval, Instituto de Filosofía.
* Ezequiel Ludueña es Licenciado y Doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires. Es investigador del Instituto de Filosofía de esa misma universidad y se dedica a estudiar y divulgar la historia del pensamiento filosófico en la Edad Media. Ha dictado conferencias en universidades de América Latina y Europa. Tradujo y comentó textos de la tradición platónica antigua y medieval y publicó numerosos artículos en diversas revistas especializadas y de divulgación. Actualmente, dirige el proyecto de investigación UBACyT: Los traductores medievales y sus precursores y codirige el proyecto FILOCyT: Filósofas Tardomedievales y Modernas, radicados ambos en el Instituto de Filosofía de la UBA. Es Profesor Adjunto Regular a cargo de la cátedra de Latín Filosófico de la carrera de Filosofía de la UBA; Profesor Adjunto a cargo de la materia Elementos de Filosofía de la carrera de Ciencias Políticas de la Universidad Nacional de la Matanza (UNLaM); Jefe de Trabajos Prácticos de las materias Historia de la Filosofía Medieval y Problemas de Historia de la Filosofía Medieval de la carrera de Filosofía de la UBA; Profesor Titular de Latín Filosófico I y II en la carrera de Filosofía de la Universidad de Ciencias Sociales y Empresariales (UCES); Profesor Titular de la cátedra de Historia de la Filosofía Medieval del Profesorado de Filosofía del IES N°1 “Dra. Alicia Moreau de Justo”; y Profesor Titular de la Maestría de Estudios Medievales de la UBA. Es también Secretario de Redacción de la revista científica Cuadernos de Filosofía, creada en 1948 por Carlos Astrada.
El Ciclo de cine foro sobre los ochenta se realizará el 1 , 2 y 3 de octubre.
El 1 y el 2 tendrá lugar en el Cine Universitario y el 3 culminará en la Facultad de Ciencias Sociales con la conferencia ¿Una estética o rasgos de época. Los ochenta como idea visual?, a cargo de la investigadora argentina Paola Margulis (Conicet, UBA). Será moderada por Julieta Keldjian (UCU) y los integrantes del GEO. Actividad abierta y sin inscripción.
Programa
1 de octubre, 18.00 horas – Cine Universitario PROYECCIONES Gris (1986, 13:50’. Dir.: Esteban Schroeder, Grupo Babinka) y Amarillo (2021, 72’. Dir.: Eduardo Lamas) FORO: Carolina Besuievsky, Carolina Guerra, Eduardo Lamas, Gabriel Richieri e integrantes del GEO.
2 de octubre, 18.00 horas – Cine Universitario PROYECCIONES Rompiendo el silencio (1987, 12’, Dir.: Kristina Konrad y Brenda Falcon) y Por centésima vez (1990, 70’, Dir.: Kristina Konrad y Graciela Salsamendi.). FORO: Estela Peri, Noelia Torres e integrantes del GEO.
3 de octubre, 18.00 horas – Facultad de Ciencias Sociales CONFERENCIA Y DEBATE “¿Una estética o rasgos de época? Los ochenta como idea visual” Paola Margulis (CONICET, Universidad de Buenos Aires). Modera: Julieta Keldjian (UCU).
El GEO es un grupo de investigación interdisciplinario integrado por Mariana Amieva (GEstA), Mariel Balás (AGU), Florencia Dansilio (FHCE), Leandro Delgado (UCU), Gabriela González Vaillant (FCS), Pablo Messina (FCEA), Ana Clara Romero (FIC), Diego Sempol (FCS), Cecilia Seré (ISEF). Su objetivo es aportar al estudio y el análisis del proceso de redemocratización en nuestro país a través de la sistematización de documentos y de la producción de pensamiento crítico sobre procesos políticos, económicos y culturales durante los “largos ochenta”.
Miércoles 1 de octubre de 2025, 11.00 horas en salón Ibáñez de Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Se tratará de aportar algunas nociones sobre la narrativa reciente española, con un breve repaso por algunos nombres de autores y autoras relevantes. Dirigido a estudiantes y docentes.
*Javier Serena (Pamplona, 1982) es director de la revista Cuadernos Hispanoamericanos en la Dirección de Relaciones Culturales y Científicas de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). Es autor de las novelas Atila. Un escritor indescifrable (2014), Últimas palabras en la Tierra (2017) y Apuntes para una despedida (2025). Ha sido becario de la Fundación Antonio Gala, de la Fundación Valparaíso, de la Fundación Axóuxere y de la residencia Les Récollets.
Organiza: Literatura Española, Departamento de Letras Modernas).
Udelar abre las inscripciones online para el Sistema Suplementario de Cuota Mutual 2026
El Servicio Central de Inclusión y Bienestar, ha dado inicio a la convocatoria para el Sistema Suplementario de Cuota Mutual (SSCM) para el año 2026. A partir de esta edición, las solicitudes se realizarán exclusivamente a través del módulo de autogestión de personal (MAP), modernizando el proceso y evitando la necesidad de trámites presenciales.
El trámite, ahora 100% web, estará disponible hasta el 10 de octubre de 2025 y está dirigido a los familiares de funcionarios que no cuenten con otra cobertura de salud.
¿Quiénes pueden postularse?
El beneficio está destinado a los integrantes del núcleo familiar del funcionariado Técnico, Administrativo y de Servicio (T/A/S) y docente de la Udelar. Para ser elegibles, los funcionarios solicitantes deben tener una dedicación horaria igual o superior a 20 horas semanales y su salario universitario debe ser su principal fuente de ingresos.
Es importante destacar que el sistema está diseñado para aquellos familiares que no estén cubiertos por el Sistema Nacional Integrado de Salud ni por otro régimen de cobertura médica. Quienes resulten amparados podrán acceder a hasta dos cuotas mutuales para el año 2026.
Se recuerda a los funcionarios que ya gozaron de este beneficio en 2025, que deben volver a postularse si desean mantenerlo el próximo año.
Guía para el proceso de solicitud online
El Servicio de Bienestar ha elaborado una guía paso a paso para facilitar el proceso, que consta de cinco etapas:
Acceder a MAP: Ingresar al Módulo de Autogestión de Personal con su usuario. En caso de no tenerlo, puede solicitarlo en la oficina de personal de su Servicio.
Ir a “Cuota Mutual”: Dentro de la plataforma, dirigirse a la sección “Declaraciones Juradas” y luego a “Solicitudes”.
Completar la declaración jurada: Revisar y completar los datos. Se recomienda revisar la información antes de enviar, ya que no se pueden realizar modificaciones posteriores. En caso de requerir comprobantes (por enfermedades graves o crónicas), deben adjuntarse antes de finalizar.
Pagar el timbre profesional: Abonar el timbre profesional en línea a través de la pasarela de pagos (valor $260).
Enviar la declaración jurada: Finalizar el proceso enviando la declaración jurada. Si se comete un error, se deberá contactar con Bienestar para iniciar una nueva solicitud, lo que implicará el pago de un nuevo timbre.
Las solicitudes estarán abiertas desde el 15 de setiembre hasta el 10 de octubre de 2025. Se recomienda a los interesados realizar el trámite con la debida anticipación para evitar inconvenientes de última hora.
Los estudiantes de varias licenciaturas han conocido la figura de Luce Fabbri y han planificado una muestra para la difusión de su figura, su pensamiento, militancia y obra literaria.
Se inaugurará el miércoles 1 de octubre a las 18.00 horas, en el salón Luce Fabbri de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Participarán Margareth Rago, Andrea y Olga Cressatti.
La Muestra «Luz de libertad. Recordando a Luce Fabbri» permanecerá instalada desde el 23 de septiembre hasta el 3 de octubre en el segundo piso de FHCE.
El Programa de Apoyo a la Investigación Estudiantil (PAIE) abrirá su periodo de postulación entre el 1 de octubre y el 15 de noviembre. El 15 de octubre la Comisión Sectorial de Investigación Científica (CSIC) dará una charla informativa sobre esta nueva edición. La Universidad de la República, a través del Prorrectorado de Investigación, abrirá las postulaciones al Programa de Apoyo a la Investigación Estudiantil (PAIE), una iniciativa destinada a promover que estudiantes de grado tengan su primera experiencia en investigación.
El programa financia proyectos por hasta $50.000, con una duración de 6 o 9 meses, y constituye una actividad creditizable (sujeta a definición de cada licenciatura).
Requisitos para postularse
Formar un equipo con al menos dos estudiantes.
Contar con la orientación de una o un docente (grado 2 o superior).
Definir un tema de investigación de interés.
Fechas clave Las postulaciones estarán abiertas del 1º de octubre al 15 de noviembre. Además, el 15 de octubre a las 11:00 horas se realizará una charla informativa virtual, en la que se presentarán los detalles del programa y se responderán consultas de los estudiantes interesados.
Los estudios editoriales (EE), área de conocimiento distinguida progresivamente de la literatura, la lingüística y la producción técnica, describen un espacio interdisciplinario que estudia la mediación textual. Dirigen la mirada hacia los textos escritos y se preguntan: ¿qué hace que un mensaje escrito pueda llegar eficaz y eficientemente desde sus emisores originarios a sus lectores?
El Área de Estudios Editoriales (AEE) explora las transformaciones, interpretaciones, restituciones y apropiaciones que intervienen sobre los textos, es decir, las mediaciones textuales y sus agentes. Por lo tanto, desarrolla las tres funciones universitarias en lo tocante a la edición y sus márgenes. Propone enseñanza en la teoría y la práctica de los procesos editoriales y de lectura; investiga la historia y la evolución de los soportes textuales, sus procesos de producción, distribución y recepción y cómo estos intervienen en el mensaje, y propone actividades en el medio junto con agentes locales vinculados con lo editorial. Toma en cuenta la lingüística, las letras y las ciencias de la comunicación, y recibe a su vez los aportes de disciplinas como el diseño editorial, la gestión de proyectos, el derecho y el marketing editorial.
El libro, en su complejidad, puede considerarse un representante modélico de este proceso. Por lo general, el público conocerá el autor, la editorial y la imprenta. Pero un especialista en EE sabe que «los autores no escriben libros. Los libros no se escriben. Son manufacturados por escribientes y otros artesanos»,1 toda una serie de equipos está implicada en su construcción material y simbólica: los trabajadores en una editorial, los de artes gráficas, los libreros, los agentes literarios, entre otros.
La mediación textual a lo largo de los siglos
Nuestro acceso al conocimiento es eminentemente histórico y colectivo. Si bien construimos nuestro saber desde la experiencia individual, la base del desarrollo humano nos llega a través de discursos interiorizados y reconvertidos.2
La relación entre las humanidades y la preocupación por la fijación de los mensajes se remonta a épocas de la tradición oral, cuando para trasladar y preservar el conocimiento en el espacio y en el tiempo se debía aprender con exactitud la palabra de cada obra.
Ya en la Antigüedad clásica3pueden hallarse raíces de los procesos de mediación textual. Una vez que aparece la escritura, la búsqueda por proteger el saber cuidando cada palabra de un texto es asumida por los copistas; y, con el tiempo, una figura correctora (diorthotes) se puede rastrear en la cultura manuscrita cristiana hacia el año 300.4 En el siglo XV, cuando las studia humanitatis dirigían el foco de la instrucción hacia la historia, la ética, la poesía, la filología, la retórica y la gramática,5 junto con ellas y el desarrollo de la imprenta surgen los primeros correctores o castigadores,6 que desarrollaban diversas tareas, desde asegurarse que las copias no se desviaran del original hasta construir paratextos y verificar traducciones, componer formas tipográficas o incluso preparar ediciones.7
Al ir más allá de la verificación de la correspondencia tipográfica con un original, comienza a institucionalizarse una tarea de exégesis y praxis que se mueve entre la prescripción normativa y la pragmática comunicacional. Esta tensión pasa a ser el hábitat de la nueva figura, aún vaporosa: el corrector. Durante el Renacimiento comienza a delinearse el inicio de una disciplina en la encrucijada de lo literario, lo lingüístico y lo técnico. A su vez, en esta atención a lo contextual, con el objetivo último de que el acto comunicativo logre la mayor eficacia y eficiencia posible, se gesta el embrión del método idiográfico ante lo editorial.8
El foco en lo individual y lo singular, en lugar de en leyes generales, constituirá la lógica de la paleografía, la crítica textual, la bibliografía y bibliología de los siglos XVIII y XIX,9 que heredarán a los EE anglosajones de la segunda mitad del siglo XX, enfocados en la industria, la necesidad de justificar decisiones editoriales mediante evidencia documental, la importancia de la historia de la transmisión textual y la comprensión de que toda edición es una interpretación.
Finalmente, entre 1980 y los dos mil, los EE se constituyen como un campo que cruza la historia del libro, la sociología de la literatura, los estudios culturales y la economía creativa.10 Este enfoque reconoce la edición como una práctica cultural compleja que requiere análisis desde múltiples perspectivas. Al decir de Darnton,11 el libro se resiste a ser confinado a una sola disciplina, la historia de los libros es siempre internacional y el método debe siempre ser interdisciplinario.
Los correctores orientales
Desde 1823, al menos, se ofrecían servicios de corrección en las imprentas locales,12 pero hasta fines del siglo XX se consideró una tarea anexa o un trabajo formativo; la gran mayoría de quienes corregían lo hacían como complemento de su principal ocupación de tipógrafo, periodista, maestro, escritor.13 Los correctores especializados de los que tenemos noticia en Uruguay surgieron entre 1970 y 1990,14 después de que las componedoras y la fotocomposición eliminaran definitivamente la corrección ortotipográfica de las imprentas.15 Pero incluso luego de esto había poca o nula comunicación entre los correctores.
Esto cambió alrededor de 2004, cuando un grupo de correctoras, formadas empíricamente, se reunió, estableció vínculos con expertos extranjeros ―como José Martínez de Sousa y Silvia Senz Bueno― e hizo el esfuerzo de contactar con aún más colegas del medio local.16 Sus principales intereses eran obtener: 1) herramientas bibliográficas adecuadas para su práctica, 2) formación específica en corrección y 3) certificación de nivel universitario para que la profesión, que tenía una función productiva especializada y un cuerpo de conocimiento académico y técnico, contara con un respaldo formal. En 2006 esto confluyó con un proyecto de la Universidad de la República que buscaba el desarrollo de carreras cortas,17 y llevó a la creación de la Tecnicatura Universitaria en Corrección de Estilo (TUCE) en 2008.
El primer plan de estudios fue creado por las cátedras de Letras y Lingüística, sin la participación de correctores. La reforma del plan de 2014 redistribuyó las cargas curriculares e incorporó asignaturas específicas, lo que elevó la carga técnica del 34 % al 47 %. A su vez, algunos graduados de las primeras cohortes pasaron a formar parte del cuerpo docente, ya con cierta formación específica y conociendo las debilidades y fortalezas de la carrera.18
Desde 2018 han comenzado a surgir convocatorias para correctores en el ámbito público. También comenzó a observarse cada vez más la presencia explícita de los nombres de los correctores de estilo en la página de créditos de algunos libros, junto al del autor y al del encargado de diseño editorial.19 Esto es un reconocimiento a la labor de mediación textual, así como la firma del corrector es un compromiso con la calidad de la publicación.
En mayo de 2023 es aprobada la solicitud del plantel docente de la TUCE para la creación del AEE. Al mismo tiempo se lleva a cabo un proceso de consolidación de los cargos: eran en su mayoría contratos a término, y pasan a ser efectivos e interinos. Esto agrega la extensión y la investigación a las responsabilidades del cuerpo docente y amplía las posibilidades de construcción institucional más allá de un estudio técnico crítico, con lo que el AEE halla necesario examinar su lugar en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (FHCE).
Las fisuras del conocer
Con respecto al acceso al conocimiento, la tecnología de la escritura se caracteriza por producir un vehículo óptimo para su transmisión en un contexto alfabetizado. A diferencia del lenguaje oral, la producción de textos escritos dilata en el tiempo el acto comunicacional, el mensaje es más planificado, más duradero, su estructura más resistente a la corrupción, puede tener una infinidad de destinatarios y ser decodificado al ritmo de cada lector.
Si atendemos a lo que sucede hoy ―digamos, desde hace una década, desde la introducción del sintagma fake news al discurso político y académico―, observamos dificultades epistemológicas concretas que se entrelazan con los avances tecnológicos, cada vez más veloces, que intermedian nuestra vida cotidiana: la caída del valor de la verdad en el discurso público, el debilitamiento de la confianza en las fuentes, la rapidísima producción de información tanto audiovisual como escrita, la creciente disponibilidad de un océano de discursos que compiten activamente por la atención, y las dificultades que esto conlleva para navegar el mundo contemporáneo.
Esto reclama herramientas interpretativas agudas, con una clara conciencia de los contextos de enunciación y de recepción. El AEE se ubica en la intersección del método crítico, las humanidades y las ciencias de la comunicación. De estos cruces, junto con aportes de otras disciplinas y la técnica específica de las labores editoriales, podrán surgir dichas herramientas.
El corrector, el editor, el asesor lingüístico, cada uno en su especificidad, tratan de entender y configurar el contexto original de enunciación de un mensaje. Analizan los propósitos comunicativos de los escritos con los que trabajan y la lógica interna del texto. Y procuran ayudar al emisor a que su mensaje llegue a destino con la menor pérdida de información posible, y acorde a las virtudes de la retórica.
De preguntas abiertas y construcción institucional
Un desafío fundamental para los EE es el cierre del paréntesis de Gutenberg.20 Si es acertada la interpretación de que con la imprenta se abrió un paréntesis en el formato y el flujo de la información y que este paréntesis comenzó a cerrarse con la aparición de internet, ¿qué consecuencias tiene para los EE la reduplicación de lectores y de producción, lo publicado pero editable, el anonimato rampante y la pérdida de figuras autorales, el que muchos textos no se conciban sino como alimento de textos futuros?
Esto último se asocia directamente con el ascenso y la difusión de los modelos generativos de lenguaje (LLM, por su sigla en inglés), que han revolucionado el mundo y también afectan el campo editorial. Caben muchos cuestionamientos, entre ellos: ¿qué se pierde cuando se deja de lado la práctica de la escritura?, ¿se puede considerar esta una nueva práctica de escritura?, ¿qué sesgos introducen los LLM donde intervienen?, ¿qué implicancias éticas tiene su uso, alimentado de obras pirateadas?, ¿estamos dispuestos a obtener nuestro conocimiento de textos que no han sido mediados por un ser humano?, ¿qué sucede cuando la mayor parte de los textos ha sido creada por estas máquinas recombinatorias?
Por otra parte, hay desafíos más concretos que el AEE debe enfrentar en el presente: el lenguaje claro (LC), la formación de los estudiantes de ingreso y el vínculo con instituciones regionales.
Hacen falta propuestas específicas en formación, investigación y, especialmente, extensión en relación con el LC; este y las estrategias de accesibilidad y diseño universal, que buscan fortalecer el ejercicio de la ciudadanía, son áreas de suma importancia que aún debemos explorar.
Por otra parte, la formación en lectoescritura con la que llegan los estudiantes, dicho por ellos mismos, presenta grandes carencias. La formación ofrecida requiere un dominio avanzado de esta competencia, pero hay un problema más profundo: muchos ingresan a la universidad con el objetivo de aprender a escribir mejor, buscan un complemento de formación básica. Esto lleva a frustraciones en el estudiantado y a cuestionamientos en el equipo docente acerca de cuál es su lugar ante quienes acceden a un nivel terciario sin las herramientas necesarias para desempeñarse en él.
El plantel que conforma el AEE estuvo durante 15 años dedicado a la función de enseñanza. Por lo tanto, el desarrollo de la extensión y la investigación representa un desafío ―en el que se está trabajando con ahínco― y el vínculo con otras instituciones relacionadas con la actividad editorial es incipiente. En 2025 se coorganizaron las Primeras Jornadas Regionales de Corrección junto con la Asociación Uruguaya de Correctores de Estilo y se están estableciendo convenios con instituciones argentinas, pero el relacionamiento con otros agentes locales y regionales sigue pendiente.
A futuro será esencial que el AEE sostenga la línea iniciada de organizar actividades regionales académicas y de difusión; deberá fomentar investigaciones que contribuyan a la expansión de conocimiento sobre el mundo editorial, su vínculo con la lingüística y con los consumos culturales, a lo que se apunta con un programa de fortalecimiento de la investigación de calidad. Se deberá reforzar el sistema de grupos de trabajo (GT), mantenerlo en el tiempo e integrar al estudiantado ―a partir de la oferta de espacios de formación integral y de los GT para las jornadas por los ochenta años de la FHCE―.
Asimismo, desde 2024 se avanza en la reformulación de la oferta educativa de grado y posgrado que implica revisar el plan de estudios de la TUCE, proyectar una licenciatura en Edición y ampliar la oferta de cursos de educación permanente. Será necesario atender, con flexibilidad y precisión, las especializaciones que comienzan a consolidarse en el campo: correctores y editores que operan según el tipo textual, el formato de publicación o el tipo de intervención requerida.
Todo lo anterior deberá tener un desarrollo racional, sustentado en un sistema de evaluación y diagnóstico de las unidades curriculares, así como de los proyectos de investigación, aspecto indispensable para poder brindar una oferta académica de calidad.
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