En el marco de los festejos de los 80 años de la FHCE se exhibirá al público una muestra de los documentos conservados en el Archivo Central Universitario (FHCE) del escritor español José Bergamín (1895-1983), exiliado en Uruguay durante el franquismo y docente de nuestra casa de estudios. Para la ocasión se incorporan otros documentos de su vida montevideana, cedidos por familias y amigos de quienes lo conocieron y admiraron.
La muestra permanecerá instalada del 6 al 17 de octubre.
Organiza: Literatura Española (Letras)/ Centro de Estudios Interdisciplinarios Migratorios/ Archivo Central Universitario
Setenta y cinco años de lingüística en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación: una serie de eventos afortunados
Cuando en 2016 se estrenó La llegada en los cines locales, podía pensarse que esa sería una buena oportunidad para dar mayor visibilidad a las tareas que ocupan a las personas con intereses vinculados al lenguaje. Al fin y al cabo, pocos años antes, universidades de distintos países habían presenciado el «fenómeno CSI» (Crime Scene Investigation), esto es, el entusiasmo en las generaciones más jóvenes por actividades vinculadas a la ciencia forense. La llegada, inspirada en una novela corta del escritor de ficción Ted Chiang, tiene por protagonistas a la Dra. Banks (Amy Adams), presentada como lingüista o «experta en lenguas o lingüística» —dependiendo de la plataforma en la que se consulte—, y el Dr. Connelly (Jeremy Renner), físico.1 Ambos se enfrentan a la inesperada tarea de descifrar las sofisticadas formas de comunicación de alienígenas llegados a la Tierra y desentrañar sus intenciones. No es el caso abundar en la película, que por cierto no estimuló nuevos acercamientos de estudiantes de lingüística al circuito universitario, más allá de decir que las referencias cinematográficas a la disciplina en cuestión la vinculan al conocimiento de muchas lenguas y su (eventual) interés en poder decir alguna cosa respecto a su funcionamiento. No es una descripción totalmente desajustada, pero sí incompleta. Vale la pena tomarse unos minutos para ver la presentación disponible en el blog Saquen la lengua, a cargo de los estudiantes de la Licenciatura en Lingüística de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (FHCE), para enterarse de que los intereses de la lingüística van más allá de las lenguas particulares: se trata de interesarse por el lenguaje en sus aspectos descriptivos, históricos, performativos, psicológicos, socioculturales, ideológicos…2
Que los temas de interés de la lingüística no sean evidentes o por lo menos de sentido común no sucede exclusivamente en nuestro medio, y probablemente responda, en alguna medida, a los propios orígenes de tales estudios. En lo que resta de este texto nos ocuparemos de esos orígenes en general y del establecimiento de la disciplina en la FHCE en particular. Sobre esto último, merece la pena detenernos en una serie de eventos que, por fortuna, nos permiten asistir a la celebración de 75 años de presencia de estudios lingüísticos dentro de la facultad.
Los orígenes
Desde una perspectiva temporal amplia, aunque geográficamente acotada a las tradiciones culturales occidentales, los intereses por el lenguaje pueden rastrearse en los estudios grecolatinos de índole gramatical, literaria, retórica, agrupados, con variaciones a través de los siglos, bajo la denominación de filología. En el espacio europeo esa rica tradición iniciada hace más de dos mil años será reformulada en función de los contextos socioculturales que tan extenso período involucra. Con las salvedades propias de cada momento (a nuestros efectos, Antigüedad, Edad Media y Humanismo), el hilo conductor de los estudios filológicos es el interés por la preservación de textos entendidos modélicos entre los contemporáneos griegos y latinos, la revisión de sus variantes y la conservación de los soportes materiales en los que circulaban, obviamente de carácter manual hasta la aparición de la imprenta. Si bien siempre podrán encontrarse en esta historia miradas que dan cuenta de otros intereses, el momento que divide las aguas entre filología y lingüística es el siglo XIX. Es entonces cuando asistimos a una reorganización en las formas de clasificar los conocimientos en general y los académicos en particular. Ciertas metáforas imperantes hasta la época moderna, tales como los «árboles del conocimiento», de los que el Arbor scientiae de Ramón Llull es un buen ejemplo, ceden su lugar a otra terminología, en la que se reiteran sistema y currículo. Este último, en relación con el mundo académico universitario.3 Las postrimerías del siglo XVIII y el inicio del siglo XIX nos presentan un crecimiento inusitado de disciplinas especializadas y de sociedades, de congresos y de publicaciones en torno a esas disciplinas. En ese crecimiento habrá figuras individuales y grupos que desempeñarán algún papel, no necesariamente intencional.4 En el mundo de los estudios del lenguaje, este papel queda en manos de un enviado británico a Calcuta y unos jóvenes filólogos alemanes deseosos de hacer algo distinto a lo que la tradición filológica acostumbraba a solicitar a sus practicantes.5 El primero, sir William Jones (apodado Oriental Jones o Arabic Jones), arriba a Bengala en 1783 como juez de la Corte Suprema Bengalí. Ya era reconocido por su trabajo con la lengua persa (una gramática y traducciones), entre otras lenguas con las que está familiarizado. Pero ahora se inicia en el conocimiento del sánscrito, profundizándolo al punto de traducir obras del siglo V a. C. consideradas cumbre que circularán primero en la Sociedad Asiática de Bengala, fundada por el mismo Jones, y luego en Londres y en el continente europeo. En el nuevo campo filológico de la indología introduce, entre otras novedosas apreciaciones, una que cambiará para siempre el rumbo de los estudios por entonces denominados filológicos: el parecido del sánscrito con el latín y el griego no es una mera casualidad, la comparabilidad de sus rasgos gramaticales hace posible plantearse un origen común de esas lenguas. Por un lado, se abrían las puertas a la elaboración hipotética de esa lengua ancestral (el indoeuropeo) y, por otro, al emprendimiento de estudios de las lenguas, no solo latín y griego, desde nuevas bases metodológicas, comparativas primero, históricas más adelante.6–7 En la primera mitad del siglo XIX, una nueva «filología comparativa» gana seguidores y expande los intereses tradicionales —originalmente acotados al latín y al griego— a las lenguas en sentido amplio. El método comparativo se inspira en el concepto de familia de lenguas, y tendrá por defensores y representantes a estudiosos como Jacob y Wilhelm Grimm o Friedrich Schlegel, entre varios otros. El gran cambio instalado a partir de entonces consiste en aproximarse al funcionamiento de las lenguas de forma sistemática, «científica», y validar además el acercamiento a toda lengua. Al interés por las lenguas se suma por entonces la reflexión sobre la facultad del lenguaje inherente a ellas planteada por Wilhelm von Humboldt.
La segunda mitad del siglo XIX suma otras reflexiones y reajustes en las visiones sobre el lenguaje hechas por estudiosos como Max Müller, August Schleicher o William Whitney. Ese es el tema abordado en el primer capítulo de los materiales saussureanos organizados por sus discípulos, Charles Bally y Albert Sechehaye, en el Curso de lingüística general. Ferdinand de Saussure es hijo del siglo XIX: formado en esa nueva filología que busca ser otra cosa, hacia 1910 y en lo que serán sus últimos años de vida imparte cursos en su Ginebra natal sobre lingüística. Esta es presentada en el segundo capítulo introductorio del Curso, un breve texto que trata de la materia y tarea de la lingüística y de sus relaciones con ciencias conexas. Describir e historiar las lenguas, identificar y profundizar el conocimiento de la facultad general del lenguaje son las dos tareas acompañadas en ese momento por una tercera: deslindarse y definirse ella misma.8 A estas distintas tareas estarán abocadas figuras de distintos centros europeos y americanos (sobre todo el norte, del que no se podrá hacer referencia en esta ocasión) en la primera mitad del siglo XX. Y entonces llegará la lingüística a la Facultad de Humanidades y Ciencias (FHC), en 1950, iniciándose su estudio de forma ininterrumpida hasta hoy.
Uruguay. Pasado, presente, futuro
La consolidación de las estructuras académicas en el inicio de la FHC ubica en 1950 la creación del Instituto de Filología, integrado por cuatro departamentos: Lingüística, Literatura Española, Literatura Iberoamericana y Folklore.9 Se designa a Eugenio Coseriu, rumano formado en Moldavia e Italia, como director del Departamento de Lingüística. Estará a cargo del curso de Lingüística General e Indoeuropea y será promotor del Círculo de Lingüística de Montevideo. Sus trabajos, de impronta estructuralista y aguda revisión de los principios saussureanos, se desarrollan hasta el regreso en 1963 a Europa. Los aportes de Coseriu, además, incorporan una mirada romanista, es decir, vinculada a la historia de las lenguas genéticamente próximas al latín. A su partida lo sustituye en la dirección del departamento José Pedro Rona, de origen eslovaco, formado en los estudios lingüísticos en esa facultad de Montevideo. El pormenorizado prólogo de Adolfo Elizaincín a Dialectología general e hispanoamericana nos presenta el variado espectro de intereses que ocupan a Rona y se transmiten en el departamento de la FHC.10 En esta lista se incluyen: los estudios fronterizos (esto es, de las variedades lingüísticas habladas en la frontera entre Uruguay y Brasil), los dialectológicos (sobre las variedades de español hablado en América), los de una sociología del lenguaje avant la lettre, cuestiones gramaticales en el español del Uruguay y algunas incursiones en temas vinculados a la enseñanza de la lengua materna. Tras la partida de Rona a Canadá hacia fines de los años sesenta, el interés por esas temáticas no desaparecería. Luego de las vicisitudes propias de los años de intervención a partir de 1973, el período de normalización democrática en la Universidad de la República iniciado en 1985 significó un encaminamiento del Departamento de Lingüística a constituirse en Instituto de Lingüística. Esto se concretaría en el marco de la creación de la FHCE, en funcionamiento desde fines de 1990. Coordinado por Elizaincín, el instituto iniciaba su recorrido en 1991, integrado por tres departamentos (Psico y Sociolingüística, Teoría del Lenguaje y Lingüística General, Romanística y Español) y una sección (Lenguas Extranjeras Modernas). En esos años, los temas de interés apuntados para la fase previa a la intervención se profundizan, reformulan, amplían, incorporando nuevas orientaciones teóricas y diversas metodologías de investigación lingüística. Durante los años ochenta y noventa se desarrollan proyectos de investigación que involucran a equipos de docentes y estudiantes; en otros casos se trata de proyectos emprendidos individualmente en los estudios de posgrado en Argentina, Brasil, Estados Unidos, Europa, por docentes adscritos al instituto. Se avanza en los estudios de los denominados dialectos portugueses del Uruguay y se implementa la elaboración de un atlas lingüístico diatópico y diastrático del Uruguay. Se trabaja en el conocimiento de distintas comunidades migrantes del Uruguay (italianos, armenios, sefaradíes, entre otras) en lo concerniente a los usos, el mantenimiento y la pérdida de su lengua de origen, se profundiza en el análisis de distintas cuestiones lingüístico-gramaticales en el español del Uruguay, tanto en su presentación sincrónica como histórica. La enseñanza de lenguas es foco de atención y se inician estudios vinculados a distintas vertientes del por entonces novedoso análisis del discurso.
Durante los últimos veinticinco años el instituto transita un afianzamiento académico que incluye la incorporación de investigaciones lexicográficas, de la historia de las lenguas en Uruguay, del análisis del discurso en sus distintas formulaciones actuales (análisis crítico, dialogismo), de la glotopolítica y las representaciones lingüísticas, de la revitalización de la mirada sobre el lenguaje desde una perspectiva lingüístico-filosófica y de estudios descriptivo-analíticos del español que incorporan nuevas herramientas metodológicas para el análisis teniendo en cuenta las posibilidades de procesamiento abiertas por la lingüística del corpus. En lo que concierne a las miradas vinculadas a la enseñanza de lenguas, se renueva el acercamiento a los procesos de enseñanza y aprendizaje, en particular de la lectura y la escritura, desde distintas aproximaciones teóricas.
A partir de la reciente revisión de las unidades académicas que conforman la FHCE concluida en 2023, el Instituto de Lingüística está conformado por tres subunidades: el Departamento de Estudios Sociales del Lenguaje, el Departamento de Romanística y Español y el Departamento de Teoría del Lenguaje y Lingüística General. Por una parte, resulta estimulante pensar en las posibilidades ofrecidas por las tecnologías actuales que permiten el registro y análisis de la voz humana o de los textos conservados en formatos digitales. Por otra, el mundo contemporáneo abre nuevos desafíos: las relaciones de los usos lingüísticos naturales con los modelos generativos de inteligencia artificial, las minorías sociales y lingüísticas y sus formas de participar en un mundo que recurre y valida repetidamente usos sociales y lingüísticos hegemónicos de violencia y rechazo a la persona diferente o que construye mundos discursivos fake esperan por el trabajo de análisis de la lingüística, que sigue teniendo mucho por decir.
1 Chiang, T. (2002). Stories of your life and others. Vintage Books. 2 Estudiantes de Lingüística de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. (s.f.). Nosotros. Saquen la lengua. https://saquenlalengua.wordpress.com/nosotros/ 3 Burke, P. (2002). Historia social del conocimiento. De Gutenberg a Diderot. Paidós. 4 Burke, P. (2012). Uma história social do conhecimento II. Da Enciclopédia à Wikipédia. Zahar. 5 Turner, J. (2014). Philology: the forgotten origins of the modern humanities. Princeton University Press. 6 Turner, op. cit. 7 Herrero, V. J. (1988). Introducción al estudio de la filología latina. Gredos. 8 De Saussure, F. (1983). Curso de lingüística general. Alianza Universidad. 9 París de Oddone, B. (Coord.). (1995). Historia y memoria. Medio siglo de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Universidad de la República. 10 Rona, J. P. (2014). Dialectología general e hispanoamericana. Biblioteca Artigas.
Este año, la propuesta del Ministerio de Educación y Cultura para el Día del Patrimonio, titulada «Bicentenario en todos los pagos», celebra los 200 años del proceso histórico que dio origen a la independencia y a la creación del Estado Oriental del Uruguay, entre 1825 y 1830.
La Udelar acompaña esta celebración con una propuesta que integra a distintos servicios universitarios en una agenda común de actividades culturales, abiertas al público y gratuitas. Se incluyen visitas guiadas, charlas, exposiciones y presentaciones artísticas.
Udelar en cada región del país En 2025 la Udelar presenta su propuesta al país de cara al próximo presupuesto quinquenal, con una reforzada apuesta al desarrollo en cada región del país. Con el proceso de descentralización de la Udelar, cada vez más estudiantes acceden a educación universitaria en su propia región. En las ciudades donde la Universidad se ha instalado, se han producido transformaciones que favorecen el crecimiento y desarrollo local al brindar formación y oportunidades que antes no existían en la zona; así como un aumento en los egresos de enseñanza media.
La descentralización es una de las prioridades del plan estratégico, que propone consolidar y ampliar la presencia universitaria en todo el país, con nuevas carreras, fortalecimiento de equipos docentes radicados en sedes regionales, mejoras en infraestructura y descentralización de servicios de bienestar universitario. El desarrollo de la Udelar en el país permite reducir las inequidades geográficas, promover una mayor inclusión social y democratizar el acceso a la educación terciaria en todo el país.
La educación ha sido objeto de reflexión y problematización en Occidente desde la Antigüedad; y se destaca, en particular, la paideia de la Grecia clásica. Desde entonces, y hasta la actualidad, ha sido abordada en términos teológicos, filosóficos y científicos.
En la modernidad, en el marco de los procesos de colonización, Europa se consolidó como el principal modelo e inspiración para el pensamiento pedagógico, e influyó decisivamente en la configuración de los sistemas educativos nacionales. En menor medida, Estados Unidos también cumplió un papel relevante.
El desarrollo de los Estados modernos, en los planos económico, social, cultural y político, se sustentó en gran medida en la conformación de sistemas educativos nacionales. Más aún, estos no constituyen solo un apoyo, sino un elemento constitutivo del Estado nación, una de sus características esenciales. La escolarización representó una forma específica de materialización del proyecto de un Estado educador. En épocas anteriores, las prácticas educativas se estructuraban a partir de instituciones y espacios definidos: la familia (con variaciones según el rol de la madre o el padre, en función de las tradiciones culturales), los preceptores, el taller, el mercado, el trabajo rural y otros ámbitos destinados a preparar a los jóvenes para la vida adulta en su grupo social de pertenencia.
En el caso de Uruguay, es posible identificar dos tradiciones fundamentales en materia educativa: la normalista y la universitaria. Esta distinción no implica una oposición radical, sino el reconocimiento de rasgos específicos que permiten diferenciarlas.
La tradición normalista, articulada en torno a las escuelas normales, comenzó a desarrollarse hacia fines del siglo XVII en Europa y adquirió un papel central en los proyectos civilizatorios occidentales. En Uruguay, sus antecedentes se remontan a la fundación de la Sociedad Lancasteriana en 1821, durante el período prerrepublicano, y a la apertura de la primera escuela normal en octubre de 1829. La figura de José Pedro Varela resulta insoslayable, pues colocó la formación docente en el centro de sus reflexiones. También destaca Francisco Berra, quien enseñó pedagogía en las clases normales antes de la creación del Internato Normal de Señoritas en 1882. Así, la tradición normalista quedó firmemente inscrita en la historia educativa del país.
Por su parte, desde las primeras décadas del siglo XIX y bajo el influjo del modelo napoleónico, comenzó a gestarse la actual Universidad de la República. Entre 1849 y 1877, esta institución integró todos los niveles de enseñanza, desde el Gimnasio Nacional hasta la formación científica y profesional, y constituyó el germen de una universidad orientada tanto a la profesionalización como a la investigación científica y humanística. En paralelo con las escuelas normales, desempeñó un rol fundamental en la historia nacional y en la consolidación de un campo de reflexión pedagógica.
Esta bifurcación entre normalismo y universidad ha marcado la trayectoria histórica de la educación uruguaya y continúa vigente, como lo evidencian la Ley General de Educación (ley n.º 18.437) y los debates actuales en torno al proyecto de una universidad nacional de educación presentado por el Ministerio de Educación y Cultura en julio de 2025, cuyo propósito es fortalecer la educación pública y jerarquizar la profesión docente.
En cuanto a la formación en educación dentro de la Universidad de la República, es relevante señalar la creación, en 1978, de la Licenciatura en Ciencias de la Educación en la entonces Facultad de Humanidades y Ciencias. Esta iniciativa se apoyó en antecedentes pedagógicos significativos, entre los que destaca la obra de Carlos Vaz Ferreira, quien, con su extensa producción en torno a la enseñanza y la pedagogía, sentó las bases para constituir un campo de investigación autónomo dentro de las humanidades. Esta orientación buscó diferenciarse de la formación técnico-profesional destinada a la docencia en los niveles primario y secundario; no obstante, en sus fundamentos, objetivos, propósito, organización y contenidos, predomina un sesgo técnico, elemento que será revisado críticamente a partir de 1985.
Desde su creación, la Licenciatura en Ciencias de la Educación ha fomentado un campo de estudios plural y crítico, nutrido por diversas trayectorias docentes e investigativas, así como por el diálogo interdisciplinario con disciplinas como la historia, la filosofía, la lingüística, la literatura y la antropología. También ha mantenido una estrecha relación con la formación docente de magisterio y profesorado, y ha configurado un ámbito de investigación epistemológicamente diverso y con una agenda temática amplia.
En este contexto, el Instituto de Educación enfrenta múltiples desafíos, entre ellos, el de sostener una reflexión crítica sobre los procesos económicos, sociales, culturales y políticos desde una perspectiva pedagógica. Desde finales del siglo XIX, la reflexión educativa ha aspirado a contribuir a la construcción de una sociedad plural, democrática y republicana, basada en el derecho a la educación y en los mecanismos necesarios para garantizarlo.
Hoy, a este desafío histórico se suma un escenario radicalmente distinto, marcado por el uso masivo de internet y el avance de tecnologías como la inteligencia artificial, que plantean nuevas incertidumbres para el ámbito educativo. Además, enfrentamos cambios en la estructura social y en los procesos de subjetivación; son ineludibles las lecturas que se han desplegado desde los feminismos, la decolonialidad, el antirracismo. Ante este panorama, resulta indispensable generar conocimiento pedagógico crítico. Para ello, el Instituto de Educación cuenta con una tradición sólida y con el respaldo de las humanidades, que permiten afrontar este complejo desafío de manera colectiva y reflexiva.
El seminario estará a cargo de Andrea Cuarterolo y Georgina Torello, y se realizará el viernes 14 de noviembre a las 15.00 horas en el salón Luce Fabbri de la FHCE.
Del 6 al 10 de octubre de 2025 en la Facultad de Información y Comunicación (San Salvador 1944).
Las actividades incluyen conferencias magistrales, mesas de ponencias, proyecciones audiovisuales, presentaciones de libros, encuentros y debates que abordan las múltiples dimensiones del carnaval uruguayo.
El CAICU es abierto y gratuito. Las únicas actividades del CAICU que tienen cupo en la participación son los talleres, por las dinámicas de trabajo propuestas. Todos los talleres se desarrollarán el sábado 11 de octubre en la Facultad de Información y Comunicación, entre las 10.00 y las 16.00 HORAS. La inscripción a cada taller se realiza mediante un formulario específico, disponible en caicu.uy/inscripcion/
El evento fue declarado de interés por el Consejo de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (FHCE), e incluye entre sus participantes a varios docentes y estudiantes de esta Facultad.
Atención: cambio de lugar de la actividad. Será en el salón 1 de la sede central de la Facultad de Derecho.
Sábado 4 de octubre, 15.30 horas en el salón 1 de la sede central de la Facultad de Derecho (18 de Julio 1824).
¿Cuáles son las historias de lucha de las trabajadoras sexuales en Uruguay? ¿Qué formas de organización construyeron para resistir la violencia, el estigma y la precarización? ¿Cuáles han sido sus principales conquistas y qué queda por hacer? Les invitamos a un espacio de encuentro, memoria y reflexión colectiva en torno a los caminos recorridos por las trabajadoras sexuales organizadas en las últimas cuatro décadas.
Esta actividad forma parte del proyecto “Restituir la historia a las mujeres: experiencias de organización de trabajadoras sexuales y trabajadoras domésticas durante la segunda mitad del siglo XX a las primeras dos décadas del siglo XXI”, financiado por la Comisión Sectorial de Investigación Científica (CSIC), Programa VUSP II.
Tiene como propósito ofrecer un espacio de encuentro, memoria y reflexión colectiva en torno a los caminos recorridos por las trabajadoras sexuales organizadas en las últimas cuatro décadas.
Actividad abierta con entrada libre. Se compartirá una merienda con café para amenizar el encuentro.
Organiza: Grupo de Estudios sobre Trabajo, Izquierdas y Género (GETIG).
Las «I Jornadas Interdisciplinarias La costa este como espacio de encuentro y movimientos», se desarrollarán los días 26, 27 de setiembre y 1 de octubre en Punta del Este, La Paloma y La Charqueada, respectivamente.
El evento tiene como objetivo pensar en comunidad sus transformaciones y desafíos junto a invitados nacionales y extranjeros con experiencia en el estudio de poblaciones costeras.
Esta propuesta de diálogo abierta a todo público es organizada por el Departamento de Ciencias Sociales y Humanas (DCSH) del Centro Universitario Regional del Este (CURE), Universidad de la República (Udelar,) a través de docentes e investigadoras/es en área como turismo, educación física, sociología, antropología y otras vinculadas a la Universidad de la República en el Este. El evento se compone de tres encuentros presenciales, realizados de forma secuencial para pensar las ciudades de Punta del Este, La Paloma y La Charqueada.
Las actividades son de carácter libre y gratuito, sin necesidad de inscripción previa, y tendrán lugar en sedes universitarias y otros espacios locales abiertos a la comunidad a fin de favorecer una amplia participación para compartir experiencias de investigación, acercar inquietudes, dar a conocer vivencias entre expositores y público presente. Asimismo, el evento se articulará con las preocupaciones de pobladores locales, organizaciones civiles así como gestores públicos a nivel municipal, departamental y nacional en aporte a construir en diálogo posibilidades para vivir mejor en nuestra región.
Este evento ha sido declarado de interés por el Ministerio de Turismo del Uruguay, y cuenta con el apoyo del Municipio de Punta del Este, Municipio de La Paloma y Municipio Enrique Martínez (La Charqueada). A su vez, han colaborado la Intendencia de Maldonado, Intendencia de Rocha e Intendencia de Treinta y Tres, especialmente a través de sus Direcciones de Turismo. El evento se lleva a cabo desde el Centro Universitario Regional del Este gracias al financiamiento de la Comisión Coordinadora del Interior de la Universidad de la República. Se cuenta, a su vez, con la colaboración de Punta del Este Ciudad Universitaria.
Fotografía: Caja 140, carpeta 140-C, Archivo Juan Oddone, Archivo General de la Universidad. Juan Oddone, junto a profesores y compañeros de estudio, recibiendo el título de Licenciado en Historia (12 de marzo de 1957). A su izquierda Blanca Paris.
La creación del Instituto de Investigaciones Históricas de la Facultad de Humanidades y Ciencias, en 1947, fue uno de los hitos fundamentales en el proceso de profesionalización que contribuyó a superar los paradigmas de la historiografía tradicional uruguaya. Esta última, vista como una práctica amateur y nacionalista, fue desafiada por un nuevo enfoque que procuraba el rigor metodológico y un compromiso crítico con el presente.
El primer director, el argentino Emilio Ravignani, fue una figura clave. Impulsó una política de internacionalización proactiva, que estableció una extensa red de contactos con más de mil instituciones y personas en todo el mundo. Su estrategia incluyó la creación de delegaciones permanentes del instituto en ciudades como Buenos Aires, Sevilla y Londres, que actuaron como cabeceras de puente para la academia uruguaya. Estas delegaciones fueron fundamentales para la búsqueda de fuentes documentales en el extranjero que enriquecieran el acervo del instituto y conectaran la historiografía local con el panorama global.
La muerte de Ravignani, en 1954, determinó que uno de sus principales colaboradores, Edmundo Narancio, asumiera como director interino. La gestión de Narancio fue compleja y conflictiva. En 1961, se produjo un cambio importante, en un proceso que no estuvo libre de conflictos, con la asunción del prestigioso doctor Eugenio Petit Muñoz como nuevo director.
La llegada del historiador argentino José Luis Romero en 1949, tras ser desplazado por el peronismo, complementó el rigor metodológico de Ravignani con una nueva perspectiva teórica. Romero propuso un paradigma que trascendía el relato de los hechos para enfocarse en los procesos pluriseculares y las representaciones sociales, lo cual requería un enfoque interdisciplinario. El Seminario de Historia de la Cultura, fundado en 1952, se convirtió en el principal taller y laboratorio de esta nueva forma de hacer historia, donde se formó una generación clave de historiadores uruguayos. El peso académico alcanzado por el seminario determinó que, posteriormente, se creara la Sección Historia de la Cultura, que estaría adscripta al Instituto de Investigaciones Históricas y sería dirigida de manera honoraria por Romero.
En este período, Juan Oddone y Blanca París se consolidaron como referentes del instituto. Fueron los primeros egresados de la Licenciatura en Historia. Su obra Historia de la Universidad de la República. La universidad vieja, 1849-18851 reflejó su compromiso con el presente al analizar el pasado de la institución en el contexto de las crisis de su tiempo.
Oddone sintetizó los principios de la nueva historia en un artículo de 1964, «Ensayística y espíritu científico»,2 considerado el manifiesto rupturista que abogaba por la cientificidad, la interdisciplinariedad y el trabajo en equipo. El Seminario de Historia de la Cultura, bajo su orientación, produjo obras emblemáticas como Cinco perspectivas históricas del Uruguay moderno,3 que sirvieron como bautismo profesional para jóvenes investigadores y demostraron la solidez de los nuevos enfoques.
Para fines de la década del sesenta, el instituto se había consolidado en el contexto del campo historiográfico uruguayo. En setiembre de 1970, como resultado tanto de cambios en el organigrama institucional de la facultad como de las nuevas orientaciones epistemológicas de la disciplina, la unidad académica pasó a denominarse Instituto de Ciencias Históricas. La transformación implicó, además, la creación de cuatro departamentos en el marco de los cuales se nucleaban los docentes de asignaturas afines: Historia del Uruguay, Historia Americana, Historia Universal e Historiología. Los directores designados fueron Eugenio Petit Muñoz (quien ocupaba también la dirección del instituto), Oddone, Armando Pirotto y Jesús Bentancourt Díaz, respectivamente.
El proceso de consolidación del instituto se vio abruptamente interrumpido por la intervención militar de la universidad. La naturaleza crítica y comprometida de la disciplina la convirtió en blanco del régimen. Los principales representantes, como Oddone, París y Lucía Sala, fueron expulsados de sus cargos y muchos se vieron obligados a exiliarse. La dictadura impuso un estricto control, que priorizaba una historia fáctica y oficialista.
A pesar de la opresión, la tradición investigativa se mantuvo viva en centros privados, como el CLAEH (Centro Latinoamericano de Economía Humana). Este espacio funcionó como una Facultad de Humanidades en la resistencia, donde gracias a la gestión de Carlos Zubillaga se siguieron impartiendo seminarios y se formaron nuevas generaciones de historiadores.
Con el retorno de la democracia en 1985, los académicos desplazados por la intervención fueron restituidos y se efectuaron llamados para la provisión interina de los cargos docentes. Como recurso para amortiguar el descenso académico que implicó el plan instrumentado por la dictadura, se restableció en la Licenciatura en Historia el plan 1960 mientras se estudiaba la creación de uno nuevo, acorde a la nueva realidad de los estudios históricos internacionales.
Oddone fue uno de los protagonistas de este proceso. Desde la dirección del Departamento de Historia Americana, se dedicó a reactivar las redes internacionales que había forjado antes de 1973. Mediante el envío de notas a diversos centros académicos, logró restablecer la comunicación y el intercambio de publicaciones, al recibir una respuesta rápida y efectiva. Esta política de reinserción internacional se vio reforzada por las visitas de prestigiosos historiadores, como Tulio Halperín.
El período que se inició entonces no estuvo exento de conflictos. Figuras clave que fueron incorporadas, como José Pedro Barrán, a pesar de su prestigio, fueron vistas inicialmente ―al decir de Gerardo Caetano― como extrañas4 por algunos sectores más tradicionales de la facultad. Esta tensión se agudizó con debates sobre el rumbo de la disciplina, como la polémica acerca de si la carrera de Historia debía quedarse en Humanidades o integrarse en la nueva Facultad de Ciencias Sociales. Las dificultades también se manifestaron en situaciones complejas que propiciaron el distanciamiento de docentes como Caetano y José Pedro Rilla. Se trató de circunstancias que reflejaban profundas divergencias de carácter académico y profesional.
En el plano epistemológico, esta etapa no representó un quiebre, sino una profundización del paradigma crítico y disruptivo de la nueva historia. La década del noventa fue ―como lo plantea Marisa Silva Schultze5― un momento crucial para los historiadores uruguayos. En medio de la reorganización de la universidad, se impulsó una mayor profesionalización del oficio. A pesar de los desafíos, como la escasez de posgrados, el cuerpo de historiadores de la facultad fortaleció sus vínculos con colegas de otras naciones, lo que enriqueció sus investigaciones.
Por otro lado, la labor de figuras destacadas como Barrán fue esencial para esta renovación. Su influyente libro Historia de la sensibilidad en el Uruguay6 se convirtió en un punto de referencia, al proponer nuevos temas de estudio como lo privado y lo cultural, y al desplazar el foco del poder político-estatal hacia una variedad de actores sociales. Este enfoque no solo modernizó la metodología, sino que también creó un nuevo marco de trabajo para la investigación histórica.
Una de las innovaciones más importantes de la década del noventa fue la implementación de la formación de posgrado. Se organizaron maestrías en Ciencias Humanas, coordinadas por la Comisión Directiva del Instituto de Ciencias Históricas. Las opciones ofrecidas, como Estudios Latinoamericanos y Estudios Migratorios, han variado desde entonces. Actualmente, la maestría se enfoca en la opción Historia Rioplatense.
Esta oferta académica se expandió notablemente con el lanzamiento del doctorado en 2013, que presentó un diseño curricular novedoso y dinámico, centrado en la investigación. Su estructura incluye un Seminario de Tesis durante el primer año y un Seminario Permanente de Investigación en los años siguientes.
Estos programas constituyeron una experiencia fundamental en la formación de las nuevas generaciones de historiadores. Contribuyeron a reducir una brecha en la formación local en comparación con el panorama internacional y alinearon la disciplina con los desafíos y requerimientos globales. Además, permitieron el valioso aporte de reconocidos especialistas de otros países, quienes brindaron a los estudiantes uruguayos la oportunidad de conocer directamente las nuevas tendencias epistemológicas, temáticas y heurísticas de la disciplina en el ámbito internacional. Este desarrollo marcó un nuevo capítulo en el proceso de internacionalización de la historiografía uruguaya, que ya no dependía, como en sus inicios, exclusivamente de los vínculos personales y la buena voluntad de algunos investigadores.
La perspectiva del Instituto de Historia en el contexto de la historiografía nacional es sumamente prometedora. Se observan los frutos de la implementación del plan de estudios 2014, que lleva más de una década en vigor y sustituyó al de 1992. Este nuevo plan se caracteriza por su enfoque moderno y su visión de una formación integral para el historiador. Promueve no solo el conocimiento teórico y las habilidades de investigación, sino también una nueva concepción del rol del historiador en la sociedad.
La posibilidad de cursar asignaturas en otras facultades y de participar en distintas experiencias formativas con otros servicios universitarios fomenta una formación holística. Se integran la investigación, la docencia y la extensión, y se fortalece el compromiso del historiador con la comunidad.
Por otra parte, la consolidación de los programas de posgrado a nivel de maestría y doctorado contribuye a una especialización que está a la altura de las exigencias internacionales y las nuevas líneas de investigación. La formalización de programas de investigación y el acceso a más oportunidades de financiación nacional e internacional, sin duda, posicionan al instituto en una senda muy positiva.
La reconfiguración del organigrama académico, con la creación de unidades académicas en 2022, busca dinamizar la formación para responder a los requerimientos del nuevo tiempo. Los antiguos departamentos se han transformado en subunidades ―como las de Historia Mundial, Historia del Uruguay, Historia Americana y Teoría e Historiografía―, lo cual, si bien mantiene la organización por áreas de conocimiento, estimula la realización de programas compartidos y el agrupamiento de docentes en una o más unidades.
Esta nueva estructura favorece el cumplimiento de las funciones universitarias en su integralidad y se espera que contribuya a que el conocimiento histórico y sus profesionales estén al servicio de la sociedad, que es, en última instancia, la que con su apoyo y esfuerzo hace posible esta formación.
Las líneas de investigación que actualmente desarrollan los integrantes de las distintas subunidades ofrecen una valiosa perspectiva sobre la orientación de la historiografía en Uruguay. Al abordar la historia conceptual y la difusión de ideas políticas a través de la prensa y discursos transimperiales, se abre un camino para entender la formación de las identidades nacionales de manera más profunda y superar los enfoques tradicionales. La investigación sobre izquierdas, culturas trabajadoras y su relación con el cine complejiza la narrativa histórica al incluir a actores sociales que tradicionalmente han sido poco representados. De manera similar, los estudios sobre la dictadura y la memoria reciente desde una perspectiva local y regional son cruciales para el desarrollo de una historia más inclusiva. Por último, al enfocarse en temas como migraciones, pobreza, religiones y género, y al debatir sobre la preservación digital de archivos y la metodología en la era digital, el instituto se posiciona en la vanguardia de la disciplina y demuestra un compromiso con la renovación teórica y la relevancia social del oficio del historiador en el siglo XXI.
1 Oddone, J. A. y París, B. (1963). Historia de la Universidad de Montevideo. La universidad vieja, 1849-1885. Universidad de la República. 2 Oddone, J. A. (1964). Ensayística y espíritu científico. Número, 2.da época, (3), 152-158. 3 Mourat, O., Mariani, A. A., Jacob, R. Pellegrino, A., Di Segni, R. y Rodríguez Villamil (1969), Cinco perspectivas históricas del Uruguay Moderno. Fundación de Cultura Universitaria. 4 Correa Morales, J. y Rey, M, (2024). «Siempre he sido un historiador antes que nada». Entrevista a Gerardo Caetano. Contemporánea, 18(1), 182-208, cita en página 187. 5 Silva Schultze, M., (2016). Panorama historiográfico de los noventa. Cuadernos del Claeh, 35(104), 165-185. 6 Barrán, J. P. (1989), Historia de la sensibilidad en el Uruguay. T. I. La Cultura Bárbara (1800-1860) y.T. II. El Disciplinamiento (1860-1920). Ediciones Banda Oriental.